domingo, 10 de abril de 2011

EL GENOCIDIO AL MOVIMIENTO GAITANISTA, EN EL ESPECTADOR DE BOGOTÁ

http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-261836-el-genocidio-al-movimiento-gaitanista

 

Nacional |8 Abr 2011 - 10:52 pm

Este sábado hace 63 años mataron al jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá

El genocidio al Movimiento Gaitanista

Por: María Valencia Gaitán

Apartes de la ponencia donde su nieta María Valencia Gaitán sostiene que La Violencia no fue un conflicto partidista, como dice la historia oficial, sino un crimen de lesa humanidad.

Homenaje a Jorge Eliécer Gaitán
Foto: Archivo
En 1947 Gaitán declara al Partido Liberal como el Partido del Pueblo.
El exterminio premeditado, masivo y sistemático por parte del Estado de los miembros del Movimiento Gaitanista en las décadas de los 40 y 50, y el magnicidio de su máximo dirigente, Jorge Eliécer Gaitán, constituyen, sin duda alguna, uno de los casos más documentados y dramáticos del genocidio político en la historia de Colombia, lo que no ha sido óbice para que deliberadamente la historia oficial lo haya desconocido y tergiversado.
Oficialmente se dice que la llamada Violencia, con mayúscula, fue una mera prolongación de las guerras civiles entre liberales y conservadores del siglo XIX, y nunca se menciona la persecución dirigida principalmente contra el Movimiento Gaitanista con el propósito de eliminar la inminente llegada al poder del proyecto de transformación democrática liderado por Gaitán.
Un proyecto político que Gaitán empezó a plasmar desde su juventud, cuando escribió su tesis de grado Las ideas socialistas en Colombia, complementándola con la presentación de su tesis de doctorado en Roma sobre el Criterio positivo de la premeditación en el delito, que revelan cómo Gaitán estructuraba su pensamiento a través de una formación filosófica y científica.
A su regreso de Roma en 1927, en plena Hegemonía Conservadora, Gaitán adhiere al Partido Liberal, fue elegido parlamentario y asume la defensa política de las víctimas de la Masacre de las Bananeras.
En 1930, Enrique Olaya Herrera, del Partido Liberal, es elegido presidente e incorpora a Gaitán en la comisión para redactar el proyecto de ley de reforma agraria. Pero las directivas del Partido Liberal optaron por preservar los intereses de los terratenientes que se habían apoderado de los baldíos colonizados por los campesinos, lo cual motivó su retiro del partido, afirmando:
“Mientras no existan leyes que eliminen la explotación latifundista y procuren la repartición de la tierra y permitan que cada hombre bajo el sol tenga un pedazo de ella; mientras no nos rebelemos audazmente contra el sistema individualista, que se basa en la explotación de los más por los menos, para reemplazarlo por la norma socialista que busca la equidad y garantiza que uno goce de aquello que es producto de su trabajo, todas las medidas que se adopten sólo tendrán ventajas para los especuladores, para los más hábiles y menos laboriosos; sólo traerán miseria y pobreza, hambre y dolor para la gran mayoría de nuestro pueblo”.
En 1933 ingresa a la ya existente Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), fundada en defensa de la lucha por la tierra emprendida por colonos del Sumapaz.
Sin embargo, Gaitán pronto entendió que un cambio de sistema no era posible desde un “tercer partido”. Al respecto, afirmó: “Nuestras masas en lo político no tienen un sentido distinto del fonético: el ¡Viva al Partido Conservador! o ¡Viva al Partido Liberal! Pero llame usted a gentes de medianas nociones y trate de indagar la diferencia de ideas que para ellas significa la diversidad del grito. No será mucho lo que haya de lograr...”.
Es a causa de estos llamados “quistes psicológicos”, propios de la cultura, que en 1935 Gaitán regresa al Partido Liberal con el propósito de convocar al pueblo de todos los partidos bajo la bandera de las ideas socialistas, buscando convertir al Partido Liberal en el Partido del Pueblo.
Esa nueva corriente orientada hacia “la restauración Moral y democrática de la república” dio origen al Movimiento Gaitanista, con una plataforma ideológica independiente y diferente a la del liberalismo oficial, con una militancia que se nutría tanto de liberales, como de conservadores, socialistas, comunistas y sin filiación partidista; con un cuerpo ideológico y doctrinario propio y con una estructura organizativa autónoma, de alcance nacional, que tenía como meta instaurar una democracia directa. Contaba entonces con una Dirección Nacional Liberal Gaitanista, con sede propia, situada en la calle 14 con carrera 7ª en Bogotá y con un órgano periodístico llamado Jornada, como vocero oficial del movimiento.
El Movimiento Gaitanista creció, proyectándose como una clara amenaza, no sólo para el oficialismo liberal, sino para el establecimiento. Tanto así que para las elecciones presidenciales de 1946, los dirigentes oficialistas de los dos partidos se unieron para enfrentar a Gaitán. El gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo alentó a los dirigentes del Partido Conservador y a los liberales oficialistas, partidarios del candidato Gabriel Turbay, a frenar la llegada de Gaitán al poder, como lo relató José María Villarreal, en entrevista con los historiadores Rocío Londoño y Medófilo Medina: “… En conversación con Álvaro Gómez Hurtado y Jorge Leiva, me pidieron que yo fuera la persona que les ayudara a organizar el conservatismo de Soatá (Boyacá) para que volvieran a votar, que el presidente Lleras daba todas las garantías… Lleras Camargo reforzó las garantías diciendo que si tenía que echar una bomba de dinamita sobre Soatá para que dejaran votar a los conservadores, lo haría. Al fin pudimos votar y ganamos, como era previsto”.
Este propósito se convirtió en el comienzo de la persecución y asesinato sistemático de los seguidores del proyecto político de Gaitán.
En 1946, la represión se extendió y se agudizó con el triunfo de Mariano Ospina Pérez, quien conformó un grupo de policía departamental popularmente llamada “chulavita”, por ser conformada inicialmente por personas provenientes de la vereda de Chulavita en Boyacá. Su tarea era asesinar campesinos simpatizantes de Gaitán con el fin de mantener la división partidista y azuzar el enfrentamiento y el odio entre el pueblo, hechos que fueron recopilados e investigados por Gaitán, como se demuestra en los informes que acompañaron sus denuncias oficiales que se conservan en el Archivo Gaitán.
Ya para entonces, el Movimiento Gaitanista se imponía frente al oficialismo liberal, logrando una mayoría indiscutible en las votaciones de 1947 para el Congreso, las asambleas y los concejos.
Los oficialistas se vieron en la obligación de entregarle a Gaitán, el 24 de octubre del mismo año, la jefatura única del Partido Liberal, convirtiendo la Plataforma del Colón —la plataforma ideológica del Movimiento Gaitanista— en los estatutos oficiales del partido, donde se establece como primera medida que “El Partido Liberal de Colombia es el Partido del Pueblo”.
La persecución oficial contra el gaitanismo avanzó con tanta furia que Gaitán le dirigió al presidente Ospina varios memoriales de agravios, enumerando con nombres propios, lugares y hechos concretos las masacres y asesinatos que se cometían a lo largo y ancho del país contra sus seguidores.
Sin respuesta a sus denuncias, Gaitán convoca una gran manifestación, el 7 de febrero de 1948, llamada la Marcha del Silencio. En Bogotá, una ciudad de 500 mil habitantes, se conglomeraron 300 mil personas de todos los rincones de Colombia, guardando absoluto silencio y agitando banderas negras, con el propósito de exigirle al gobierno que cesara la Violencia. En su Oración por la Paz, Gaitán señala directamente como responsable al propio presidente Ospina y a su gobierno.
Sesenta días después, Jorge Eliécer Gaitán es asesinado en pleno centro de Bogotá, como parte integral e indisoluble del genocidio al Movimiento Gaitanista, que a partir de ese momento se extendió con más intensidad. Ya sin Gaitán, el Partido Liberal volvió a manos de los aliados del gobierno conservador, desamparando al pueblo gaitanista perseguido.
Para defender sus vidas, los militantes gaitanistas tuvieron que internarse en el monte y así se dio, con el tiempo y las circunstancias, inicio a la lucha guerrillera que no ha tenido solución hasta hoy.
No existe una estadística exacta de la cantidad de víctimas que produjo esa dolorosa etapa de la historia nacional, aun cuando muchos historiadores hablan de 300 mil muertos, sin mencionar el sinnúmero de desplazados y despojados. Esto representa el 2,5% de la población colombiana que para ese entonces era de 12,5 millones de habitantes (1), lo cual hoy equivaldría a 1,1 millón de colombianos y colombianas asesinados.
Con el ascenso al poder de las élites liberales y conservadoras, bajo el Frente Nacional, se optó por el perdón y el olvido, dejando semejante monstruosidad en completa impunidad jurídica e histórica hasta nuestros días.
A los grandes héroes no sólo los asesinan físicamente sino que distorsionan su legado político para acabar también con la razón de su existencia. Forma parte de la autoría intelectual del crimen. El genocidio no termina con la eliminación física de sus víctimas, sino que se prolonga con el aniquilamiento de la memoria de las luchas populares. Así que mientras no se asuma con seriedad esta etapa del genocidio en Colombia, seguirá siendo mutilada la verdad histórica haciendo reinar la impunidad y la tergiversación de los hechos en favor de los victimarios.
Las 1.000 muertes de Gaitán
Este sábado el performance “Las 1.000 muertes de Gaitán” se volverá a tomar Transmilenio. El propósito es continuar con el homenaje que desde ayer se les viene haciendo a algunos líderes políticos que han sido asesinados defendiendo sus ideales, como José María Córdoba, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Jaime Garzón.
La intervención artística retoma el asesinato del caudillo, cometido por Juan Roa Sierra, que terminó desencadenando El Bogotazo, para ponerlo en escena en las estaciones periféricas a la Localidad de Puente Aranda como la CAD, Comuneros, Sena, Carrera 32 y Carrera 53 A.
Los bogotanos podrán disfrutar de esta puesta en escena de 10 a 11 de la mañana.
El día en que cayó un líder
Si a la hora del almuerzo del 9 de abril de 1948 Jorge Eliécer Gaitán no hubiera recibió a la muerte que le llegó disparada en tres balas, desde el revólver que Juan Roa Sierra apretaba en una mano, su cuerpo no hubiera sido trasladado inmediatamente a la Clínica Central, donde a las 2:05 de la tarde fue declarado muerto.
Esa misma tarde se hubiera tomado un café y cumplido la cita pactada con el estudiante de derecho Fidel Castro, el joven cubano de 21 años que visitaba la ciudad como participante de un congreso latinoamericano de estudiantes, quienes se oponían a la intervención estadounidense en América Latina y también a la Novena Conferencia Panamericana, que por esos días se reunía en la capital, y que dio nacimiento a la OEA.
Bogotá hubiera seguido su ritmo y sus calles no habrían enloquecido bajo los gritos de “¡Mataron a Gaitán!”.

EL GENOCIDIO AL MOVIMIENTO GAITANISTA, EN EL ESPECTADOR DE BOGOTÁ

http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-261836-el-genocidio-al-movimiento-gaitanista

 

Nacional |8 Abr 2011 - 10:52 pm

Este sábado hace 63 años mataron al jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá

El genocidio al Movimiento Gaitanista

Por: María Valencia Gaitán

Apartes de la ponencia donde su nieta María Valencia Gaitán sostiene que La Violencia no fue un conflicto partidista, como dice la historia oficial, sino un crimen de lesa humanidad.

Homenaje a Jorge Eliécer Gaitán
Foto: Archivo
En 1947 Gaitán declara al Partido Liberal como el Partido del Pueblo.
El exterminio premeditado, masivo y sistemático por parte del Estado de los miembros del Movimiento Gaitanista en las décadas de los 40 y 50, y el magnicidio de su máximo dirigente, Jorge Eliécer Gaitán, constituyen, sin duda alguna, uno de los casos más documentados y dramáticos del genocidio político en la historia de Colombia, lo que no ha sido óbice para que deliberadamente la historia oficial lo haya desconocido y tergiversado.
Oficialmente se dice que la llamada Violencia, con mayúscula, fue una mera prolongación de las guerras civiles entre liberales y conservadores del siglo XIX, y nunca se menciona la persecución dirigida principalmente contra el Movimiento Gaitanista con el propósito de eliminar la inminente llegada al poder del proyecto de transformación democrática liderado por Gaitán.
Un proyecto político que Gaitán empezó a plasmar desde su juventud, cuando escribió su tesis de grado Las ideas socialistas en Colombia, complementándola con la presentación de su tesis de doctorado en Roma sobre el Criterio positivo de la premeditación en el delito, que revelan cómo Gaitán estructuraba su pensamiento a través de una formación filosófica y científica.
A su regreso de Roma en 1927, en plena Hegemonía Conservadora, Gaitán adhiere al Partido Liberal, fue elegido parlamentario y asume la defensa política de las víctimas de la Masacre de las Bananeras.
En 1930, Enrique Olaya Herrera, del Partido Liberal, es elegido presidente e incorpora a Gaitán en la comisión para redactar el proyecto de ley de reforma agraria. Pero las directivas del Partido Liberal optaron por preservar los intereses de los terratenientes que se habían apoderado de los baldíos colonizados por los campesinos, lo cual motivó su retiro del partido, afirmando:
“Mientras no existan leyes que eliminen la explotación latifundista y procuren la repartición de la tierra y permitan que cada hombre bajo el sol tenga un pedazo de ella; mientras no nos rebelemos audazmente contra el sistema individualista, que se basa en la explotación de los más por los menos, para reemplazarlo por la norma socialista que busca la equidad y garantiza que uno goce de aquello que es producto de su trabajo, todas las medidas que se adopten sólo tendrán ventajas para los especuladores, para los más hábiles y menos laboriosos; sólo traerán miseria y pobreza, hambre y dolor para la gran mayoría de nuestro pueblo”.
En 1933 ingresa a la ya existente Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), fundada en defensa de la lucha por la tierra emprendida por colonos del Sumapaz.
Sin embargo, Gaitán pronto entendió que un cambio de sistema no era posible desde un “tercer partido”. Al respecto, afirmó: “Nuestras masas en lo político no tienen un sentido distinto del fonético: el ¡Viva al Partido Conservador! o ¡Viva al Partido Liberal! Pero llame usted a gentes de medianas nociones y trate de indagar la diferencia de ideas que para ellas significa la diversidad del grito. No será mucho lo que haya de lograr...”.
Es a causa de estos llamados “quistes psicológicos”, propios de la cultura, que en 1935 Gaitán regresa al Partido Liberal con el propósito de convocar al pueblo de todos los partidos bajo la bandera de las ideas socialistas, buscando convertir al Partido Liberal en el Partido del Pueblo.
Esa nueva corriente orientada hacia “la restauración Moral y democrática de la república” dio origen al Movimiento Gaitanista, con una plataforma ideológica independiente y diferente a la del liberalismo oficial, con una militancia que se nutría tanto de liberales, como de conservadores, socialistas, comunistas y sin filiación partidista; con un cuerpo ideológico y doctrinario propio y con una estructura organizativa autónoma, de alcance nacional, que tenía como meta instaurar una democracia directa. Contaba entonces con una Dirección Nacional Liberal Gaitanista, con sede propia, situada en la calle 14 con carrera 7ª en Bogotá y con un órgano periodístico llamado Jornada, como vocero oficial del movimiento.
El Movimiento Gaitanista creció, proyectándose como una clara amenaza, no sólo para el oficialismo liberal, sino para el establecimiento. Tanto así que para las elecciones presidenciales de 1946, los dirigentes oficialistas de los dos partidos se unieron para enfrentar a Gaitán. El gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo alentó a los dirigentes del Partido Conservador y a los liberales oficialistas, partidarios del candidato Gabriel Turbay, a frenar la llegada de Gaitán al poder, como lo relató José María Villarreal, en entrevista con los historiadores Rocío Londoño y Medófilo Medina: “… En conversación con Álvaro Gómez Hurtado y Jorge Leiva, me pidieron que yo fuera la persona que les ayudara a organizar el conservatismo de Soatá (Boyacá) para que volvieran a votar, que el presidente Lleras daba todas las garantías… Lleras Camargo reforzó las garantías diciendo que si tenía que echar una bomba de dinamita sobre Soatá para que dejaran votar a los conservadores, lo haría. Al fin pudimos votar y ganamos, como era previsto”.
Este propósito se convirtió en el comienzo de la persecución y asesinato sistemático de los seguidores del proyecto político de Gaitán.
En 1946, la represión se extendió y se agudizó con el triunfo de Mariano Ospina Pérez, quien conformó un grupo de policía departamental popularmente llamada “chulavita”, por ser conformada inicialmente por personas provenientes de la vereda de Chulavita en Boyacá. Su tarea era asesinar campesinos simpatizantes de Gaitán con el fin de mantener la división partidista y azuzar el enfrentamiento y el odio entre el pueblo, hechos que fueron recopilados e investigados por Gaitán, como se demuestra en los informes que acompañaron sus denuncias oficiales que se conservan en el Archivo Gaitán.
Ya para entonces, el Movimiento Gaitanista se imponía frente al oficialismo liberal, logrando una mayoría indiscutible en las votaciones de 1947 para el Congreso, las asambleas y los concejos.
Los oficialistas se vieron en la obligación de entregarle a Gaitán, el 24 de octubre del mismo año, la jefatura única del Partido Liberal, convirtiendo la Plataforma del Colón —la plataforma ideológica del Movimiento Gaitanista— en los estatutos oficiales del partido, donde se establece como primera medida que “El Partido Liberal de Colombia es el Partido del Pueblo”.
La persecución oficial contra el gaitanismo avanzó con tanta furia que Gaitán le dirigió al presidente Ospina varios memoriales de agravios, enumerando con nombres propios, lugares y hechos concretos las masacres y asesinatos que se cometían a lo largo y ancho del país contra sus seguidores.
Sin respuesta a sus denuncias, Gaitán convoca una gran manifestación, el 7 de febrero de 1948, llamada la Marcha del Silencio. En Bogotá, una ciudad de 500 mil habitantes, se conglomeraron 300 mil personas de todos los rincones de Colombia, guardando absoluto silencio y agitando banderas negras, con el propósito de exigirle al gobierno que cesara la Violencia. En su Oración por la Paz, Gaitán señala directamente como responsable al propio presidente Ospina y a su gobierno.
Sesenta días después, Jorge Eliécer Gaitán es asesinado en pleno centro de Bogotá, como parte integral e indisoluble del genocidio al Movimiento Gaitanista, que a partir de ese momento se extendió con más intensidad. Ya sin Gaitán, el Partido Liberal volvió a manos de los aliados del gobierno conservador, desamparando al pueblo gaitanista perseguido.
Para defender sus vidas, los militantes gaitanistas tuvieron que internarse en el monte y así se dio, con el tiempo y las circunstancias, inicio a la lucha guerrillera que no ha tenido solución hasta hoy.
No existe una estadística exacta de la cantidad de víctimas que produjo esa dolorosa etapa de la historia nacional, aun cuando muchos historiadores hablan de 300 mil muertos, sin mencionar el sinnúmero de desplazados y despojados. Esto representa el 2,5% de la población colombiana que para ese entonces era de 12,5 millones de habitantes (1), lo cual hoy equivaldría a 1,1 millón de colombianos y colombianas asesinados.
Con el ascenso al poder de las élites liberales y conservadoras, bajo el Frente Nacional, se optó por el perdón y el olvido, dejando semejante monstruosidad en completa impunidad jurídica e histórica hasta nuestros días.
A los grandes héroes no sólo los asesinan físicamente sino que distorsionan su legado político para acabar también con la razón de su existencia. Forma parte de la autoría intelectual del crimen. El genocidio no termina con la eliminación física de sus víctimas, sino que se prolonga con el aniquilamiento de la memoria de las luchas populares. Así que mientras no se asuma con seriedad esta etapa del genocidio en Colombia, seguirá siendo mutilada la verdad histórica haciendo reinar la impunidad y la tergiversación de los hechos en favor de los victimarios.
Las 1.000 muertes de Gaitán
Este sábado el performance “Las 1.000 muertes de Gaitán” se volverá a tomar Transmilenio. El propósito es continuar con el homenaje que desde ayer se les viene haciendo a algunos líderes políticos que han sido asesinados defendiendo sus ideales, como José María Córdoba, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Jaime Garzón.
La intervención artística retoma el asesinato del caudillo, cometido por Juan Roa Sierra, que terminó desencadenando El Bogotazo, para ponerlo en escena en las estaciones periféricas a la Localidad de Puente Aranda como la CAD, Comuneros, Sena, Carrera 32 y Carrera 53 A.
Los bogotanos podrán disfrutar de esta puesta en escena de 10 a 11 de la mañana.
El día en que cayó un líder
Si a la hora del almuerzo del 9 de abril de 1948 Jorge Eliécer Gaitán no hubiera recibió a la muerte que le llegó disparada en tres balas, desde el revólver que Juan Roa Sierra apretaba en una mano, su cuerpo no hubiera sido trasladado inmediatamente a la Clínica Central, donde a las 2:05 de la tarde fue declarado muerto.
Esa misma tarde se hubiera tomado un café y cumplido la cita pactada con el estudiante de derecho Fidel Castro, el joven cubano de 21 años que visitaba la ciudad como participante de un congreso latinoamericano de estudiantes, quienes se oponían a la intervención estadounidense en América Latina y también a la Novena Conferencia Panamericana, que por esos días se reunía en la capital, y que dio nacimiento a la OEA.
Bogotá hubiera seguido su ritmo y sus calles no habrían enloquecido bajo los gritos de “¡Mataron a Gaitán!”.

HOMENAJE A JORGE ELIÉCER GAITÁN A LOS 63 AÑOS DE SU ASESINATO

Jorge Eliécer

Gaitán Ayala
(El Jefe)

“Yo no soy un hombre, soy un pueblo”

Hoy 9 de abril de 2011, se conmemoran 63 años del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán Ayala “El Jefe” (9 de abril de 1948). Nacido según algunas versiones en  Cucunubá, Cundinamarca, el 23 de enero de 1898, Gaitán era hijo de la profesora Manuela Ayala y el librero Eliécer Gaitán Otálora.

En 1920 inicia estudios superiores en la Universidad Nacional de Colombia donde se titula como Doctor en Derecho y Ciencias Políticas el 29 de octubre de 1924 con la tesis titulada "Las ideas socialistas en Colombia".

Para 1926, con apoyo de su hermano Manuel José Gaitán, adelanta su doctorado en jurisprudencia en la Real Universidad de Roma y en 1927 su tesis "El criterio positivo de la premeditación", Magna Cum Laude, le significó graduarse con honores.

Fue entonces elogiado y apreciado con el premio que llevaba el nombre de su profesor más cercano: Enrico Ferri. Una vez en Colombia, lideró en el Congreso de la República un debate entre el 3 y el 6 de septiembre de 1929 por el asesinato de un número, aún no determinado, de trabajadores de la United Fruit Company en la región de Ciénaga, Magdalena.

Los obreros exigían condiciones laborales y un trato justo por parte de sus contratistas. La cruel matanza de estas personas es conocida en la historia del país como la Masacre de las Banananeras y es citada en la obra de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad.

Este gesto le valió a Gaitán el título de Tribuno del Pueblo, con el que le honrarían los sectores populares.

En 1931 fue elegido presidente de la Cámara de Representantes y ejerció también como catedrático de Derecho Penal en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre, siendo nombrado Rector de esta última. Su postura en contra del latifundismo le granjeó un amplio apoyo del campesinado.

En 1933 fundó el movimiento político "Union Nacional Izquierdizta Revolucionaria" (UNIR) y su órgano periodístico "El Unirismo", que poco tiempo después disolvió para vincularse al Partido Liberal, desde donde planteó la necesidad de una reforma agraria. Seducido por los dirigentes tradicionales del Partido Liberal se posesionó como alcalde de Bogotá en 1936, adelantó reformas sociales, promovió la municipalización de los servicios públicos y trató de establecer los restaurantes o comedores escolares.

En 1940 el presidente Eduardo Santos Montejo  lo nombra Ministro de Educación; desde allí emprendió una campaña de alfabetización implantó el zapato escolar gratuito, los restaurantes escolares, el cine educativo ambulante, la extensión cultural masiva e inició el Salón Nacional de Artistas de donde emergen figuras como Enrique Grau, Eduardo Ramírez Villamizar, Fernanado Botero, Alejandro Obregon, Edgar Negret, y Pedro Alcántara Quijano. En los años siguientes Gaitán continuó su intensa vida pública como jurista, político y caudillo. Su acción política se dirigió contra la rancia oligarquía colombiana y por la "restauración moral" de la República.

Gaitán resurgió con nuevos ímpetus en las votaciones del 16 de marzo de 1947 para el Congreso, en donde logró una mayoría indiscutible en el Senado (73 senadores liberales y 58 conservadores) y en la Cámara (34 representantes liberales y 29 para conservadores). El 24 de octubre Gaitán fue proclamado jefe único del Partido Liberal. A inicios de 1948 al saberse la noticia de la masacre de varios liberales en varios pueblos del país a manos de conservadores y viceversa, Gaitán organiza varias marchas entre las que se conocen como la "marcha de las antorchas" y sobre todo la "Marcha del Silencio". A esta asistieron más de cien mil personas y “El Jefe” eleva la siguiente plegaria al Presidente Ospina Pérez:

“Señor Presidente: Os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia.”

En abril 1 de 1948 recibió el título de doctor honoris causa en Ciencias Politicas y Sociales de la Universidad Libre. La madrugada del 9 de abril de 1948, presentó su último caso legal: la absolución del teniente conservador Jesús Cortés; un militar acusado de la muerte del Periodista Eudoro Galarza Osa.

Trascurrida la mañana de ese 9 de abril, el caudillo liberal se encontraba en su despacho con Plinio Mendoza Neira (padre del ultraderechista y seguidor de Uribe Vélez, Plinio Apuleyo Mendoza y quien según  creíbles fuentes, fue cómplice de la C.I.A. en el posterior asesinato de Gaitán), Pedro Eliceo Cruz, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla. Siendo la 1:00 pm, salen a almorzar y saliendo del ascensor, Mendoza Neira toma del brazo a Gaitán y se adelantan al resto de personas, al llegar a la puerta Juan Roa Sierra dispara sobre el político. Tres balas impactaron en el cuerpo del abogado penalista y dirigente liberal causándole la muerte pocos minutos después en la Clínica Central mientras su amigo, el médico Pedro Eliceo Cruz procedía a efectuarle una transfusión de sangre.

Los que presenciaron el trágico evento (personas humildes en su mayoría: limpiabotas, loteros, etc.) persiguieron al asesino mientras gritaban: "Mataron al doctor Gaitán, cojan al asesino" hasta que finalmente un funcionario de la policía lo introdujo en una  drogueria a unos cientos de metros del lugar donde ocurrió el magnicidio e intentó protegerlo de la multitud que lo perseguía y lo empezó a interrogar, el joven solo decía: "ay virgen santísima", dando muestras de nervios y angustia.

La multitud penetró en la droguería y golpeó a Roa Sierra hasta dejarlo sin vida, para luego arrastrarlo por toda la carrera séptima hasta el Palacio de San Carlos, donde dejaron su cuerpo destrozado, sin vida y desnudo.

Estos hechos llevaron a la revuelta nacional en contra del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez  a quien le exigían la renuncia. Ese día hubo saqueos, principalmente en el centro de Bogotá a lo largo de la carrera séptima inicialmente pero que luego se fueron esparciendo por gran parte de la ciudad para terminar extendiéndose a varias ciudades de Colombia. Además de los saqueos, hubo incendios provocados por los manifestantes: incendiaron los tranvías, iglesias, edificaciones importantes y los mismos locales saqueados.

En un principio la policía intentó tomar control del asunto, pero luego, algunos policías y militares se unieron a la revuelta propiciando armas y esfuerzos, mientras que otros tomaron las armas y abrieron fuego sobre los manifestantes.

Durante el proceso judicial por el asesinato, se presentaron testimonios que indicaban que Roa Sierra no fue el asesino, sino que fueron justamente él o los asesinos quienes condujeron a la multitud a tomarlo como el culpable y acabar con su vida. Otras versiones presentadas en el proceso indicaron que Roa Sierra sí fue culpable, pero actuó motivado o en acuerdo con otra persona. La “justicia” colombiana sentenció en 1978 que el asesino Juan Roa Sierra era esquizofrénico, actuó por motivos personales.

Muchos coinciden en afirmar que el asesinato de Gaitán, orquestado por la C.I.A. y apoyado por la siempre sanguinaria oligarquía colombiana, resulto siendo el detonante del conflicto social y armado que hasta hoy sufre Colombia. Al respecto, el histórico Comandante en Jefe de las FARC-EP, Manuel Marulanda Vélez, comento: “La experiencia histórica de nuestro país, ha venido a demostrar, por lo demás, que el surgimiento y acción de las FARC, así como de otros grupos guerrilleros corresponde a todo un proceso de maduración de condiciones, derivadas directamente de la problemática nacional, que vienen desde atrás. Desde los primeros días de la guerrilla en el ya lejano 1.949, año en que se inició un estilo despótico de gobierno sobre los colombianos…”

"Yo confío en la multitud. Hoy, mañana y pasado, esa multitud que sufre el suplicio, que lo sufre en silencio, sabrá desperezarse y para ese día, ¡oh bellacos!, será el crujir de dientes."  Jorge Eliecer Gaitán

Armenia, 9 de abril de 2011.

Secretaria de Cultura P.C.C.

Comité Departamental Quindío.

HOMENAJE A JORGE ELIÉCER GAITÁN A LOS 63 AÑOS DE SU ASESINATO

Jorge Eliécer

Gaitán Ayala
(El Jefe)

“Yo no soy un hombre, soy un pueblo”

Hoy 9 de abril de 2011, se conmemoran 63 años del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán Ayala “El Jefe” (9 de abril de 1948). Nacido según algunas versiones en  Cucunubá, Cundinamarca, el 23 de enero de 1898, Gaitán era hijo de la profesora Manuela Ayala y el librero Eliécer Gaitán Otálora.

En 1920 inicia estudios superiores en la Universidad Nacional de Colombia donde se titula como Doctor en Derecho y Ciencias Políticas el 29 de octubre de 1924 con la tesis titulada "Las ideas socialistas en Colombia".

Para 1926, con apoyo de su hermano Manuel José Gaitán, adelanta su doctorado en jurisprudencia en la Real Universidad de Roma y en 1927 su tesis "El criterio positivo de la premeditación", Magna Cum Laude, le significó graduarse con honores.

Fue entonces elogiado y apreciado con el premio que llevaba el nombre de su profesor más cercano: Enrico Ferri. Una vez en Colombia, lideró en el Congreso de la República un debate entre el 3 y el 6 de septiembre de 1929 por el asesinato de un número, aún no determinado, de trabajadores de la United Fruit Company en la región de Ciénaga, Magdalena.

Los obreros exigían condiciones laborales y un trato justo por parte de sus contratistas. La cruel matanza de estas personas es conocida en la historia del país como la Masacre de las Banananeras y es citada en la obra de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad.

Este gesto le valió a Gaitán el título de Tribuno del Pueblo, con el que le honrarían los sectores populares.

En 1931 fue elegido presidente de la Cámara de Representantes y ejerció también como catedrático de Derecho Penal en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre, siendo nombrado Rector de esta última. Su postura en contra del latifundismo le granjeó un amplio apoyo del campesinado.

En 1933 fundó el movimiento político "Union Nacional Izquierdizta Revolucionaria" (UNIR) y su órgano periodístico "El Unirismo", que poco tiempo después disolvió para vincularse al Partido Liberal, desde donde planteó la necesidad de una reforma agraria. Seducido por los dirigentes tradicionales del Partido Liberal se posesionó como alcalde de Bogotá en 1936, adelantó reformas sociales, promovió la municipalización de los servicios públicos y trató de establecer los restaurantes o comedores escolares.

En 1940 el presidente Eduardo Santos Montejo  lo nombra Ministro de Educación; desde allí emprendió una campaña de alfabetización implantó el zapato escolar gratuito, los restaurantes escolares, el cine educativo ambulante, la extensión cultural masiva e inició el Salón Nacional de Artistas de donde emergen figuras como Enrique Grau, Eduardo Ramírez Villamizar, Fernanado Botero, Alejandro Obregon, Edgar Negret, y Pedro Alcántara Quijano. En los años siguientes Gaitán continuó su intensa vida pública como jurista, político y caudillo. Su acción política se dirigió contra la rancia oligarquía colombiana y por la "restauración moral" de la República.

Gaitán resurgió con nuevos ímpetus en las votaciones del 16 de marzo de 1947 para el Congreso, en donde logró una mayoría indiscutible en el Senado (73 senadores liberales y 58 conservadores) y en la Cámara (34 representantes liberales y 29 para conservadores). El 24 de octubre Gaitán fue proclamado jefe único del Partido Liberal. A inicios de 1948 al saberse la noticia de la masacre de varios liberales en varios pueblos del país a manos de conservadores y viceversa, Gaitán organiza varias marchas entre las que se conocen como la "marcha de las antorchas" y sobre todo la "Marcha del Silencio". A esta asistieron más de cien mil personas y “El Jefe” eleva la siguiente plegaria al Presidente Ospina Pérez:

“Señor Presidente: Os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia.”

En abril 1 de 1948 recibió el título de doctor honoris causa en Ciencias Politicas y Sociales de la Universidad Libre. La madrugada del 9 de abril de 1948, presentó su último caso legal: la absolución del teniente conservador Jesús Cortés; un militar acusado de la muerte del Periodista Eudoro Galarza Osa.

Trascurrida la mañana de ese 9 de abril, el caudillo liberal se encontraba en su despacho con Plinio Mendoza Neira (padre del ultraderechista y seguidor de Uribe Vélez, Plinio Apuleyo Mendoza y quien según  creíbles fuentes, fue cómplice de la C.I.A. en el posterior asesinato de Gaitán), Pedro Eliceo Cruz, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla. Siendo la 1:00 pm, salen a almorzar y saliendo del ascensor, Mendoza Neira toma del brazo a Gaitán y se adelantan al resto de personas, al llegar a la puerta Juan Roa Sierra dispara sobre el político. Tres balas impactaron en el cuerpo del abogado penalista y dirigente liberal causándole la muerte pocos minutos después en la Clínica Central mientras su amigo, el médico Pedro Eliceo Cruz procedía a efectuarle una transfusión de sangre.

Los que presenciaron el trágico evento (personas humildes en su mayoría: limpiabotas, loteros, etc.) persiguieron al asesino mientras gritaban: "Mataron al doctor Gaitán, cojan al asesino" hasta que finalmente un funcionario de la policía lo introdujo en una  drogueria a unos cientos de metros del lugar donde ocurrió el magnicidio e intentó protegerlo de la multitud que lo perseguía y lo empezó a interrogar, el joven solo decía: "ay virgen santísima", dando muestras de nervios y angustia.

La multitud penetró en la droguería y golpeó a Roa Sierra hasta dejarlo sin vida, para luego arrastrarlo por toda la carrera séptima hasta el Palacio de San Carlos, donde dejaron su cuerpo destrozado, sin vida y desnudo.

Estos hechos llevaron a la revuelta nacional en contra del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez  a quien le exigían la renuncia. Ese día hubo saqueos, principalmente en el centro de Bogotá a lo largo de la carrera séptima inicialmente pero que luego se fueron esparciendo por gran parte de la ciudad para terminar extendiéndose a varias ciudades de Colombia. Además de los saqueos, hubo incendios provocados por los manifestantes: incendiaron los tranvías, iglesias, edificaciones importantes y los mismos locales saqueados.

En un principio la policía intentó tomar control del asunto, pero luego, algunos policías y militares se unieron a la revuelta propiciando armas y esfuerzos, mientras que otros tomaron las armas y abrieron fuego sobre los manifestantes.

Durante el proceso judicial por el asesinato, se presentaron testimonios que indicaban que Roa Sierra no fue el asesino, sino que fueron justamente él o los asesinos quienes condujeron a la multitud a tomarlo como el culpable y acabar con su vida. Otras versiones presentadas en el proceso indicaron que Roa Sierra sí fue culpable, pero actuó motivado o en acuerdo con otra persona. La “justicia” colombiana sentenció en 1978 que el asesino Juan Roa Sierra era esquizofrénico, actuó por motivos personales.

Muchos coinciden en afirmar que el asesinato de Gaitán, orquestado por la C.I.A. y apoyado por la siempre sanguinaria oligarquía colombiana, resulto siendo el detonante del conflicto social y armado que hasta hoy sufre Colombia. Al respecto, el histórico Comandante en Jefe de las FARC-EP, Manuel Marulanda Vélez, comento: “La experiencia histórica de nuestro país, ha venido a demostrar, por lo demás, que el surgimiento y acción de las FARC, así como de otros grupos guerrilleros corresponde a todo un proceso de maduración de condiciones, derivadas directamente de la problemática nacional, que vienen desde atrás. Desde los primeros días de la guerrilla en el ya lejano 1.949, año en que se inició un estilo despótico de gobierno sobre los colombianos…”

"Yo confío en la multitud. Hoy, mañana y pasado, esa multitud que sufre el suplicio, que lo sufre en silencio, sabrá desperezarse y para ese día, ¡oh bellacos!, será el crujir de dientes."  Jorge Eliecer Gaitán

Armenia, 9 de abril de 2011.

Secretaria de Cultura P.C.C.

Comité Departamental Quindío.

domingo, 20 de febrero de 2011

"URIBITO, IDEÓLOGO DEL PP", escribe Héctor Abad Faciolince en El Espectador

http://www.elespectador.com/impreso/columna-251939-uribito-ideologo-del-pp

 

Opinión |20 Feb 2011 - 1:00 am

Héctor Abad Faciolince

Uribito, ideólogo del PP

Por: Héctor Abad Faciolince
EL PARTIDO CONSERVADOR QUIERE volver a ponerse una mascarilla que lo haga ver menos viejo.

Sus partidarios han vivido siempre su nombre con una actitud vergonzante. Lo de conservador tiene algo de lata de conservas, y todo eso da una impresión de próxima caducidad, de cosa a punto de podrirse por vieja. Hace unos cuantos años se rebautizaron: Partido Social Conservador; se arrepintieron. Ahora vuelven a la carga con la idea de ponerle otro apellido: Popular. Así, al menos, pueden usar la publicidad del partido de Aznar y también chuparle rueda a su ideología: un neofranquismo retrógrado, pero con bótox y pechos de silicona. La idea es del inefable ex ministro de los subsidios agrícolas para las clases populares (definidas según el credo conservador), es decir, para los terratenientes ricos.

Dijo este mismo ex ministro, en el Foro Ideológico de su partido, que los conservadores deben volver a sus creencias tradicionales. Concretamente: 1. Reforma constitucional para prohibir el aborto en cualquier circunstancia; 2. Establecer que la única familia es la que integran un hombre y una mujer; y 3. Prohibición absoluta a la venta y consumo de drogas. Además de esto, y con insultos inútiles pero populistas, agitó el espantajo de Chávez, sin darse cuenta de que el coronel —como buen militar tradicionalista— estaría de acuerdo en esos mismos tres puntos del programa ideológico conservador. Como los extremos se tocan, la supuesta izquierda latinoamericana es absolutamente goda en temas como el aborto (Ortega lo hizo ilegal), los homosexuales o el prohibicionismo.
Pero es preferible un conservador hablando de doctrina que repartiendo subsidios a los ricos. Es sano que los debates sean ideológicos. Ojalá aquí hubiera polémicas abiertas y bien informadas sobre los temas tratados en Villa de Leyva. No con consignas emotivas y efectistas, pero vacías, como: “somos pro-vida, la familia es sagrada, las drogas son un veneno para los jóvenes”, sino un debate informado y serio. Sobre el aborto yo le preguntaría a Andrés Felipe Arias: en caso de que su esposa o su hija tuvieran un embarazo ectópico, absolutamente inviable, ¿esperarían a que el crecimiento del cigoto explotara las trompas de Falopio hasta crear una infección, o aceptarían que se succionara ese embrión aunque fuera un “ser humano vivo”? En caso de que su esposa o su hija fueran violadas en las playas de Capurganá, ¿la obligaría a que, contra su voluntad, tuviera el fruto de su violación?

En cuanto a la definición de la familia, a mí me importa un bledo cómo la quiera definir. Por mí, que defina familia solamente a la unión de un hombre con una mujer, e incluso que deje de llamarla familia si la mujer enviuda y queda sola con los hijos. La discusión no es nominalista. La discusión es si las parejas homosexuales, que existen, pueden o no hacer alianzas legales duraderas (si quieren llámenlas matrimonio, si quieren denles otro nombre), de manera que ambos miembros de la pareja puedan heredar, tener derechos patrimoniales y de seguridad social. ¿Pretende el Partido Conservador (perdón: el PP Conservador) ser tan fiel a sus tradiciones como para volver a declarar la homosexualidad no sólo una perversión sino también un delito? ¿No hay ni un gay en la familia del exministro Arias? Si lo hay, ¿su posición es así de despiadada e irracional? Y si no lo hay, ¿es tan anormal su familia que no hay ni un gay en ella?

Y el último punto ideológico: la guerra contra las drogas. Concuerdo en que esta es una posición tradicionalista perfectamente acorde con la ideología conservadora. Pero ¿no ha leído el ex ministro nada sobre el rotundo fracaso que ha sido la política prohibicionista? El mundo se encamina con fuerza a revisar esta gran estupidez del moralismo conservador. ¿Se obstina Arias en defender este contrasentido práctico y moral? Ojalá, fuera de las consignas vacías, hubiera un debate informado sobre estos temas.

"URIBITO, IDEÓLOGO DEL PP", escribe Héctor Abad Faciolince en El Espectador

http://www.elespectador.com/impreso/columna-251939-uribito-ideologo-del-pp

 

Opinión |20 Feb 2011 - 1:00 am

Héctor Abad Faciolince

Uribito, ideólogo del PP

Por: Héctor Abad Faciolince
EL PARTIDO CONSERVADOR QUIERE volver a ponerse una mascarilla que lo haga ver menos viejo.

Sus partidarios han vivido siempre su nombre con una actitud vergonzante. Lo de conservador tiene algo de lata de conservas, y todo eso da una impresión de próxima caducidad, de cosa a punto de podrirse por vieja. Hace unos cuantos años se rebautizaron: Partido Social Conservador; se arrepintieron. Ahora vuelven a la carga con la idea de ponerle otro apellido: Popular. Así, al menos, pueden usar la publicidad del partido de Aznar y también chuparle rueda a su ideología: un neofranquismo retrógrado, pero con bótox y pechos de silicona. La idea es del inefable ex ministro de los subsidios agrícolas para las clases populares (definidas según el credo conservador), es decir, para los terratenientes ricos.

Dijo este mismo ex ministro, en el Foro Ideológico de su partido, que los conservadores deben volver a sus creencias tradicionales. Concretamente: 1. Reforma constitucional para prohibir el aborto en cualquier circunstancia; 2. Establecer que la única familia es la que integran un hombre y una mujer; y 3. Prohibición absoluta a la venta y consumo de drogas. Además de esto, y con insultos inútiles pero populistas, agitó el espantajo de Chávez, sin darse cuenta de que el coronel —como buen militar tradicionalista— estaría de acuerdo en esos mismos tres puntos del programa ideológico conservador. Como los extremos se tocan, la supuesta izquierda latinoamericana es absolutamente goda en temas como el aborto (Ortega lo hizo ilegal), los homosexuales o el prohibicionismo.
Pero es preferible un conservador hablando de doctrina que repartiendo subsidios a los ricos. Es sano que los debates sean ideológicos. Ojalá aquí hubiera polémicas abiertas y bien informadas sobre los temas tratados en Villa de Leyva. No con consignas emotivas y efectistas, pero vacías, como: “somos pro-vida, la familia es sagrada, las drogas son un veneno para los jóvenes”, sino un debate informado y serio. Sobre el aborto yo le preguntaría a Andrés Felipe Arias: en caso de que su esposa o su hija tuvieran un embarazo ectópico, absolutamente inviable, ¿esperarían a que el crecimiento del cigoto explotara las trompas de Falopio hasta crear una infección, o aceptarían que se succionara ese embrión aunque fuera un “ser humano vivo”? En caso de que su esposa o su hija fueran violadas en las playas de Capurganá, ¿la obligaría a que, contra su voluntad, tuviera el fruto de su violación?

En cuanto a la definición de la familia, a mí me importa un bledo cómo la quiera definir. Por mí, que defina familia solamente a la unión de un hombre con una mujer, e incluso que deje de llamarla familia si la mujer enviuda y queda sola con los hijos. La discusión no es nominalista. La discusión es si las parejas homosexuales, que existen, pueden o no hacer alianzas legales duraderas (si quieren llámenlas matrimonio, si quieren denles otro nombre), de manera que ambos miembros de la pareja puedan heredar, tener derechos patrimoniales y de seguridad social. ¿Pretende el Partido Conservador (perdón: el PP Conservador) ser tan fiel a sus tradiciones como para volver a declarar la homosexualidad no sólo una perversión sino también un delito? ¿No hay ni un gay en la familia del exministro Arias? Si lo hay, ¿su posición es así de despiadada e irracional? Y si no lo hay, ¿es tan anormal su familia que no hay ni un gay en ella?

Y el último punto ideológico: la guerra contra las drogas. Concuerdo en que esta es una posición tradicionalista perfectamente acorde con la ideología conservadora. Pero ¿no ha leído el ex ministro nada sobre el rotundo fracaso que ha sido la política prohibicionista? El mundo se encamina con fuerza a revisar esta gran estupidez del moralismo conservador. ¿Se obstina Arias en defender este contrasentido práctico y moral? Ojalá, fuera de las consignas vacías, hubiera un debate informado sobre estos temas.

jueves, 17 de febrero de 2011

"MANUAL DEL REVOLUCIONARIO CONTEMPORÁNEO I", escribe Julián López de Mesa Samudio, en El Espectador

 http://www.elespectador.com/impreso/columna-251434-manual-del-revolucionario-contemporaneo-i

 

"ATALAYA

Manual del Revolucionario Contemporáneo I

Por: Julián López de Mesa Samudio
TANTO ESTE COMO EL PRÓXIMO ARtículo que lo continúa son una apuesta por y para la cotidianidad. Y es acerca de lo cotidiano, precisamente, que versa la revolución que propongo.

Una revolución entendida como un vuelco radical frente a aquello que está establecido y que se presume incuestionable; una revolución como un replanteamiento de modelos de vida y de pensamiento.
Soy consciente de las innumerables falencias teórico-ideológicas y de las contradicciones insalvables que estas propuestas contienen. Sin embargo, abrazo la contradicción como algo necesario, pues en la contradicción se halla el balance y los cimientos del sano debate, mientras que en lo opuesto, en la coherencia, se halla el germen del fundamentalismo.
El mundo está cambiando. Los signos son evidentes. La crisis económica mundial, Europa que se ahoga aferrada testarudamente al fardo de su legado, y, en las últimas semanas, las jóvenes revoluciones tunecina y egipcia, no son hechos casuales e inconexos. Hacía mucho que en el mundo no soplaban vientos de cambio tan evidentes, tan radicales. Vivimos tiempos de oportunidad, oportunidad única que pasa como una exhalación, acaso una vez para cada generación, y que desde hacía décadas no se presentaba.
En nuestro país, el provincianismo que nos corroe, nos impide ver y ser parte activa de los cambios que se están presentando y de aquellos que se avecinan. Nuestros líderes y quienes nos informan parecen darle la espalda a las realidades globales aislándonos del resto del mundo, y su liderazgo y forma de hacer las cosas desde hace rato son insuficientes, cuando no inaceptables. Por tanto, la apuesta es por ser parte del cambio global, dejando atrás la futilidad de la noticia diaria que nos hace creer que nuestra realidad es tan única, tan agobiante, tan negativa, y tan digna de ser considerada, cuando quizás no sea así.
Hoy, ser revolucionario implica recordar y aplicar en el día a día principios antiguos; valores que tienen que ver con la posición del individuo frente a la sociedad. Es revolucionario reconocer al otro y reconocer que individualismo no es lo mismo que egoísmo; que implica la dignificación propia a través de la de los demás. Ser revolucionario es tratar de ser optimista en el mundo del conformismo pesimista, del esnobismo intelectual, de la seguridad de una vida predecible y, por lo mismo, sospechosa.
Ser revolucionario hoy, en Colombia, implica poner en tela de juicio comportamientos y actitudes propias para no caer en una mediocridad complaciente y estéril. Involucra el debate de valores y verdades en apariencia incontrovertibles para redefinir el mundo que nuestros mayores nos heredaron, retomando aquello que debiera seguir vigente (como la decencia, la magnanimidad, la generosidad, la palabra dada…) pero que, por ser considerado como pasado de moda, se soslaya impunemente, y cambiando de raíz aquello que no se ajusta a las exigencias y ritmos de la contemporaneidad (como las persecuciones cada vez más encarnizadas de las libertades individuales). La revolución se gesta día a día y hay maneras diversas de hacerla: con el decoro, el compromiso y la grandeza de ánimo, por ejemplo; o bien podemos seguir perpetuando la mezquindad, el egoísmo y la ruindad. De la elección que hagamos ahora dependerá nuestro legado cuando nuestros nietos juzguen estos tiempos".

"MANUAL DEL REVOLUCIONARIO CONTEMPORÁNEO I", escribe Julián López de Mesa Samudio, en El Espectador

 http://www.elespectador.com/impreso/columna-251434-manual-del-revolucionario-contemporaneo-i

 

"ATALAYA

Manual del Revolucionario Contemporáneo I

Por: Julián López de Mesa Samudio
TANTO ESTE COMO EL PRÓXIMO ARtículo que lo continúa son una apuesta por y para la cotidianidad. Y es acerca de lo cotidiano, precisamente, que versa la revolución que propongo.

Una revolución entendida como un vuelco radical frente a aquello que está establecido y que se presume incuestionable; una revolución como un replanteamiento de modelos de vida y de pensamiento.
Soy consciente de las innumerables falencias teórico-ideológicas y de las contradicciones insalvables que estas propuestas contienen. Sin embargo, abrazo la contradicción como algo necesario, pues en la contradicción se halla el balance y los cimientos del sano debate, mientras que en lo opuesto, en la coherencia, se halla el germen del fundamentalismo.
El mundo está cambiando. Los signos son evidentes. La crisis económica mundial, Europa que se ahoga aferrada testarudamente al fardo de su legado, y, en las últimas semanas, las jóvenes revoluciones tunecina y egipcia, no son hechos casuales e inconexos. Hacía mucho que en el mundo no soplaban vientos de cambio tan evidentes, tan radicales. Vivimos tiempos de oportunidad, oportunidad única que pasa como una exhalación, acaso una vez para cada generación, y que desde hacía décadas no se presentaba.
En nuestro país, el provincianismo que nos corroe, nos impide ver y ser parte activa de los cambios que se están presentando y de aquellos que se avecinan. Nuestros líderes y quienes nos informan parecen darle la espalda a las realidades globales aislándonos del resto del mundo, y su liderazgo y forma de hacer las cosas desde hace rato son insuficientes, cuando no inaceptables. Por tanto, la apuesta es por ser parte del cambio global, dejando atrás la futilidad de la noticia diaria que nos hace creer que nuestra realidad es tan única, tan agobiante, tan negativa, y tan digna de ser considerada, cuando quizás no sea así.
Hoy, ser revolucionario implica recordar y aplicar en el día a día principios antiguos; valores que tienen que ver con la posición del individuo frente a la sociedad. Es revolucionario reconocer al otro y reconocer que individualismo no es lo mismo que egoísmo; que implica la dignificación propia a través de la de los demás. Ser revolucionario es tratar de ser optimista en el mundo del conformismo pesimista, del esnobismo intelectual, de la seguridad de una vida predecible y, por lo mismo, sospechosa.
Ser revolucionario hoy, en Colombia, implica poner en tela de juicio comportamientos y actitudes propias para no caer en una mediocridad complaciente y estéril. Involucra el debate de valores y verdades en apariencia incontrovertibles para redefinir el mundo que nuestros mayores nos heredaron, retomando aquello que debiera seguir vigente (como la decencia, la magnanimidad, la generosidad, la palabra dada…) pero que, por ser considerado como pasado de moda, se soslaya impunemente, y cambiando de raíz aquello que no se ajusta a las exigencias y ritmos de la contemporaneidad (como las persecuciones cada vez más encarnizadas de las libertades individuales). La revolución se gesta día a día y hay maneras diversas de hacerla: con el decoro, el compromiso y la grandeza de ánimo, por ejemplo; o bien podemos seguir perpetuando la mezquindad, el egoísmo y la ruindad. De la elección que hagamos ahora dependerá nuestro legado cuando nuestros nietos juzguen estos tiempos".

sábado, 12 de febrero de 2011

EDUCACIÓN, EDUCACIÓN, EDUCACIÓN: LA REVOLUCIÓN DE NUESTRO TIEMPO. DISCURSO DE CARLOS FUENTES EN EL TIEMPO

EL TIEMPO

La revolución

de nuestro tiempo

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes
Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
El cierre del foro que se realizó este viernes por los primeros 100 años de EL TIEMPO estuvo a cargo del escritor Carlos Fuentes. A continuación, algunos apartes de su ponencia:

"La eternidad, cuando se mueve, se convierte en tiempo".

Quisiera que esta bella frase fuese mía.

No lo es.

Es de Platón.

Y creo que Platón la dijo para separar la "duración de las cosas sujetas a mudanza" -el tiempo humano- de la eternidad, "perpetuidad que no tiene principio ni fin".

Lo digo en Bogotá, la "Atenas de América": con Grecia, la historia se mueve de la eternidad al tiempo y el tiempo eterno -atributo de Dios- lo es también de tiranos que se quieren saber inmortales.

El gobierno democrático, en cambio, se sujeta a las reglas del tiempo humano: dura, pero muda. Y muda, aunque dure. O sea, no dura para siempre.

(...) La historia que hicimos y que haremos: en estas palabras se cifra el tiempo humano y también, el tiempo diario, y el diario EL TIEMPO de Bogotá, que me honra invitándome a hablar, en respuesta a la pregunta "¿a dónde vamos?", relacionada con la evolución del pensamiento y el papel de la prensa en una América Latina en proceso de cambio.

¡Menuda tarea!

Para cumplirla, me guío por una relación fundamental entre educación, conocimiento, información y desarrollo.

Sin educación no hay conocimiento, sin conocimiento no hay información y sin información no hay desarrollo.

O dicho en reversa, para que haya desarrollo, hace falta información, la información requiere conocimiento y el conocimiento depende de la educación.

El abismo de la pobreza en los países del llamado Tercer Mundo se traduce en niveles decrecientes de educación. Hay 900 millones de adultos iletrados en el mundo, 130 millones de niños sin escuela y cien millones de niños que abandonan sus estudios en los grados primarios. Las naciones del sur cuentan con 60 por ciento de la población mundial de estudiantes, pero con sólo el 12 por ciento del presupuesto mundial para la educación (...).

La base de la desigualdad en América Latina es la exclusión del sistema nervioso: tenemos sed, queremos respirar. La estabilidad política, los logros democráticos y el bienestar económico no se sostendrán sin un acceso creciente de la población a la educación.
¿Puede haber desarrollo cuando sólo el 50 por ciento de los latinoamericanos que inician la primaria, la terminan? ¿Puede haberlo cuando un maestro de escuela latinoamericano sólo gana 4.000 dólares anuales, en tanto que su equivalente alemán o japonés recibe 50.000 dólares al año?

(...) El desarrollo de nuestros países depende de una coordinación programada de esfuerzos para renovar o crear infraestructuras: puertos, carreteras, represas, urbanismo. Sólo que ningún proyecto de desarrollo nacional prosperará sin la base educativa: sin la escuela, sin el maestro, sin el alumno.

¿Estamos llegando a la aldea más lejana de la montaña, de la selva, del desierto?

¿Cómo, si no, llegamos?

¿Y qué nos pasará, si no llegamos?

Las respuestas, en gran medida, dependen del otro gran tema de este día: la información.

Informar a los educadores.
Informar a los gobernantes.
Informar a los empresarios.
Informar a la sociedad civil.

(...) Entramos al siglo XXI con una evidencia: el crecimiento económico depende de la calidad de la información y esta, de la calidad de la educación (...).

El presidente Clinton nos recuerda que al asumir la presidencia en 1993, sólo había cincuenta websites. Al dejar la Casa Blanca ocho años más tarde, había 350 millones.

Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, nos recuerda, a su vez, que hoy circulan en Internet cincuenta millones de mensajes diarios.

Primero, en cuarenta años, la radio logró sumar cincuenta millones de oyentes. La televisión, desde 1950, atrapó igual número de televidentes.

Pero en sólo cinco años, Internet alcanzó la suma que a la radio le tomó cuarenta años y a la televisión otro medio siglo.

En el año 2000, había 300 millones de usuarios de Internet. Hoy, hay 800 millones.

Se acusa a los medios más novedosos de aislar (...).

Túnez y Egipto acaban de demostrar que la relación uno a uno no excluye la comunicación del yo con el nosotros a través de múltiples individualidades eslabonadas en una gran colectividad que, al conocerse, se da cuenta de que el mundo oficial la ignora y que, al conocerse, también se da cuenta de su poder colectivo.

Internet, Facebook, Twitter, reúnen a las multitudes que hemos visto en las calles de Túnez, El Cairo y Alejandría. Esas multitudes representan a una clase media y una clase trabajadora ignorada por el estrecho círculo del poder ejercido desde arriba y sólo para los de arriba, con algunos mendrugos arrojados a los de abajo. Sólo que los de abajo son la mayoría.

El efecto de los medios en el mundo árabe debe alertarnos a todos, y la mejor manera es acudiendo a los otros dos factores que aquí he mencionado, al lado de la educación y la información: el desarrollo y el conocimiento (...).

Miro la palabra "cultura" en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. "Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos".

¿Y cómo se cultivan los conocimientos humanos?

A través de la educación.
A través de la información.
Ambas están en crisis.

La educación, por dos motivos. El primero, por todo lo que aún nos falta por hacer en un continente con un 50 por ciento de iletrados de facto.

El segundo, todo lo que nos falta por hacer para pasar de la plena alfabetización a una política de continuidad de la educación (...).

El tiempo que nos tocó nos niega la comodidad de creer que la educación concluye alguna vez, en algún grado anterior al resto de nuestras vidas.

Esto significa que, por una parte, las escuelas pierden el monopolio de la enseñanza y, por la otra, la prensa pierde el monopolio de la información, pero, también, que mantenerse informado en el largo período posescolar y posuniversitario es un deber y un derecho, inseparables del ejercicio de la ciudadanía, y que este derecho, esta obligación, lo son de nuestra prensa.

La información también está en crisis, pero acaso en una crisis de crecimiento, que expande los medios nuevos pero no sacrifica los anteriores.

Se suponía, en el siglo XIX, que la aparición del periodismo de masas sentenciaría a muerte al libro. Balzac aprovechó el dilema para escribir una gran novela sobre el periodismo, Las ilusiones perdidas.

Se suponía que la radiotelefonía, a su vez, mandaría a la prensa escrita al gran cementerio de las antigüedades.

No fue así. Radio y prensa convivieron y aunque Marshall McLuhan anunció la muerte del libro y la conversión del medio en mensaje, la televisión no enterró ni a la literatura, ni a la prensa, ni a la radio.

¿La nueva edad que se anuncia, la era de la tecnoinformación, matará a las formas de comunicación anteriores?

No lo creo.

La radio, lejos de perecer, está hoy más viva que nunca y mejor adaptada a los horarios, tempraneros o nocturnos, de la vida moderna.

La televisión no hace sino aumentar y diversificar su oferta: los canales televisivos suman varios miles.

¿Es la prensa escrita la víctima propiciatoria de la nueva -o última modernidad? Sí, hay grandes diarios que cierran o se achican, o se ofrecen por Internet.

Acaso, quizás, la prensa escrita, como la literatura, sólo llegue en su forma actual a los menos aunque a los mejores, aunque yo, como escritor, tengo el gusto de mancharme diariamente las manos con la tinta fresca de un periódico y otros ciudadanos, más jóvenes, leen el mismo periódico en una pantalla.

Al cabo, sin embargo, yo no creo que lo nuevo desplace totalmente a lo anterior.

Imagino que las cosas acabarán por equilibrarse, coexistir, al cabo de generar nuevos defectos junto con nuevos valores. El valor mayor, lo he convertido en tema de este discurso, es contribuir a la educación y a la información y en consecuencia al conocimiento y al desarrollo humanos.

EDUCACIÓN, EDUCACIÓN, EDUCACIÓN: LA REVOLUCIÓN DE NUESTRO TIEMPO. DISCURSO DE CARLOS FUENTES EN EL TIEMPO

EL TIEMPO

La revolución

de nuestro tiempo

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes
Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
El cierre del foro que se realizó este viernes por los primeros 100 años de EL TIEMPO estuvo a cargo del escritor Carlos Fuentes. A continuación, algunos apartes de su ponencia:

"La eternidad, cuando se mueve, se convierte en tiempo".

Quisiera que esta bella frase fuese mía.

No lo es.

Es de Platón.

Y creo que Platón la dijo para separar la "duración de las cosas sujetas a mudanza" -el tiempo humano- de la eternidad, "perpetuidad que no tiene principio ni fin".

Lo digo en Bogotá, la "Atenas de América": con Grecia, la historia se mueve de la eternidad al tiempo y el tiempo eterno -atributo de Dios- lo es también de tiranos que se quieren saber inmortales.

El gobierno democrático, en cambio, se sujeta a las reglas del tiempo humano: dura, pero muda. Y muda, aunque dure. O sea, no dura para siempre.

(...) La historia que hicimos y que haremos: en estas palabras se cifra el tiempo humano y también, el tiempo diario, y el diario EL TIEMPO de Bogotá, que me honra invitándome a hablar, en respuesta a la pregunta "¿a dónde vamos?", relacionada con la evolución del pensamiento y el papel de la prensa en una América Latina en proceso de cambio.

¡Menuda tarea!

Para cumplirla, me guío por una relación fundamental entre educación, conocimiento, información y desarrollo.

Sin educación no hay conocimiento, sin conocimiento no hay información y sin información no hay desarrollo.

O dicho en reversa, para que haya desarrollo, hace falta información, la información requiere conocimiento y el conocimiento depende de la educación.

El abismo de la pobreza en los países del llamado Tercer Mundo se traduce en niveles decrecientes de educación. Hay 900 millones de adultos iletrados en el mundo, 130 millones de niños sin escuela y cien millones de niños que abandonan sus estudios en los grados primarios. Las naciones del sur cuentan con 60 por ciento de la población mundial de estudiantes, pero con sólo el 12 por ciento del presupuesto mundial para la educación (...).

La base de la desigualdad en América Latina es la exclusión del sistema nervioso: tenemos sed, queremos respirar. La estabilidad política, los logros democráticos y el bienestar económico no se sostendrán sin un acceso creciente de la población a la educación.
¿Puede haber desarrollo cuando sólo el 50 por ciento de los latinoamericanos que inician la primaria, la terminan? ¿Puede haberlo cuando un maestro de escuela latinoamericano sólo gana 4.000 dólares anuales, en tanto que su equivalente alemán o japonés recibe 50.000 dólares al año?

(...) El desarrollo de nuestros países depende de una coordinación programada de esfuerzos para renovar o crear infraestructuras: puertos, carreteras, represas, urbanismo. Sólo que ningún proyecto de desarrollo nacional prosperará sin la base educativa: sin la escuela, sin el maestro, sin el alumno.

¿Estamos llegando a la aldea más lejana de la montaña, de la selva, del desierto?

¿Cómo, si no, llegamos?

¿Y qué nos pasará, si no llegamos?

Las respuestas, en gran medida, dependen del otro gran tema de este día: la información.

Informar a los educadores.
Informar a los gobernantes.
Informar a los empresarios.
Informar a la sociedad civil.

(...) Entramos al siglo XXI con una evidencia: el crecimiento económico depende de la calidad de la información y esta, de la calidad de la educación (...).

El presidente Clinton nos recuerda que al asumir la presidencia en 1993, sólo había cincuenta websites. Al dejar la Casa Blanca ocho años más tarde, había 350 millones.

Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, nos recuerda, a su vez, que hoy circulan en Internet cincuenta millones de mensajes diarios.

Primero, en cuarenta años, la radio logró sumar cincuenta millones de oyentes. La televisión, desde 1950, atrapó igual número de televidentes.

Pero en sólo cinco años, Internet alcanzó la suma que a la radio le tomó cuarenta años y a la televisión otro medio siglo.

En el año 2000, había 300 millones de usuarios de Internet. Hoy, hay 800 millones.

Se acusa a los medios más novedosos de aislar (...).

Túnez y Egipto acaban de demostrar que la relación uno a uno no excluye la comunicación del yo con el nosotros a través de múltiples individualidades eslabonadas en una gran colectividad que, al conocerse, se da cuenta de que el mundo oficial la ignora y que, al conocerse, también se da cuenta de su poder colectivo.

Internet, Facebook, Twitter, reúnen a las multitudes que hemos visto en las calles de Túnez, El Cairo y Alejandría. Esas multitudes representan a una clase media y una clase trabajadora ignorada por el estrecho círculo del poder ejercido desde arriba y sólo para los de arriba, con algunos mendrugos arrojados a los de abajo. Sólo que los de abajo son la mayoría.

El efecto de los medios en el mundo árabe debe alertarnos a todos, y la mejor manera es acudiendo a los otros dos factores que aquí he mencionado, al lado de la educación y la información: el desarrollo y el conocimiento (...).

Miro la palabra "cultura" en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. "Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos".

¿Y cómo se cultivan los conocimientos humanos?

A través de la educación.
A través de la información.
Ambas están en crisis.

La educación, por dos motivos. El primero, por todo lo que aún nos falta por hacer en un continente con un 50 por ciento de iletrados de facto.

El segundo, todo lo que nos falta por hacer para pasar de la plena alfabetización a una política de continuidad de la educación (...).

El tiempo que nos tocó nos niega la comodidad de creer que la educación concluye alguna vez, en algún grado anterior al resto de nuestras vidas.

Esto significa que, por una parte, las escuelas pierden el monopolio de la enseñanza y, por la otra, la prensa pierde el monopolio de la información, pero, también, que mantenerse informado en el largo período posescolar y posuniversitario es un deber y un derecho, inseparables del ejercicio de la ciudadanía, y que este derecho, esta obligación, lo son de nuestra prensa.

La información también está en crisis, pero acaso en una crisis de crecimiento, que expande los medios nuevos pero no sacrifica los anteriores.

Se suponía, en el siglo XIX, que la aparición del periodismo de masas sentenciaría a muerte al libro. Balzac aprovechó el dilema para escribir una gran novela sobre el periodismo, Las ilusiones perdidas.

Se suponía que la radiotelefonía, a su vez, mandaría a la prensa escrita al gran cementerio de las antigüedades.

No fue así. Radio y prensa convivieron y aunque Marshall McLuhan anunció la muerte del libro y la conversión del medio en mensaje, la televisión no enterró ni a la literatura, ni a la prensa, ni a la radio.

¿La nueva edad que se anuncia, la era de la tecnoinformación, matará a las formas de comunicación anteriores?

No lo creo.

La radio, lejos de perecer, está hoy más viva que nunca y mejor adaptada a los horarios, tempraneros o nocturnos, de la vida moderna.

La televisión no hace sino aumentar y diversificar su oferta: los canales televisivos suman varios miles.

¿Es la prensa escrita la víctima propiciatoria de la nueva -o última modernidad? Sí, hay grandes diarios que cierran o se achican, o se ofrecen por Internet.

Acaso, quizás, la prensa escrita, como la literatura, sólo llegue en su forma actual a los menos aunque a los mejores, aunque yo, como escritor, tengo el gusto de mancharme diariamente las manos con la tinta fresca de un periódico y otros ciudadanos, más jóvenes, leen el mismo periódico en una pantalla.

Al cabo, sin embargo, yo no creo que lo nuevo desplace totalmente a lo anterior.

Imagino que las cosas acabarán por equilibrarse, coexistir, al cabo de generar nuevos defectos junto con nuevos valores. El valor mayor, lo he convertido en tema de este discurso, es contribuir a la educación y a la información y en consecuencia al conocimiento y al desarrollo humanos.

sábado, 5 de febrero de 2011

"SI YO FUERA DIRIGENTE POLÍTICO...", ESCRIBE JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO EN LA REVISTA DINERO

Una valiosa e interesante reflexión del analista y columnista Juan Manuel López Caballero, publicada en la revista Dinero, compartimos con nuestros ciberlectores. 
Ha de quedar claro que hacer política es asumir una actitud ante la Vida y trabajar en esa senda. Dependerá de la orientación de dicha actitud, el camino que se escoja. Lean y que cada quien saque sus propias conclusiones. Las nuestras ven la política como un compromiso de trabajo por el mejoramiento de la calidad de vida de la gente, o como señala el artículo 2º de la Constitución de 1991, luchar por alcanzar en Colombia "...un orden justo", con todo lo que ello implica.
 http://www.dinero.com/edicion-impresa/columnistas/fuera-dirigente-politico_83256.aspx
 
Publicado: 02/04/2011

Si yo fuera dirigente político…

Siempre, en el escenario teórico de quien deseara 'hacer política', el siguiente paso sería entender el contexto del momento. Por supuesto, comenzar por cómo y quién es el Gobierno, y cómo y quién representa alternativas (u oposición) a él.

Por: Juan Manuel López Caballero

Una reflexión que cada cual debería hacerse es ¿cómo sería yo si fuera un 'político'? o ¿cómo debería ser un líder político?

Lo primero a clarificar sería lo que se buscaría en la actividad política. La respuesta obvia: ayudar a construir un modelo de sociedad y de Estado de acuerdo a unos análisis y convicciones propias; pero hoy prácticamente a nadie se le ocurre esto. Para la población en general es claro que la 'política' es para figurar, volverse importante y poderoso, y no pocas veces rico; y seguramente quienes ya están en esa actividad se mofarían de alguien que tuviera una preocupación diferente a la de cómo ganar elecciones.

Una vez definido el propósito, lo consecuente sería ubicarse dentro del espectro de los partidos, de acuerdo a lo que se supone que ellos defienden. Para citar como ejemplo mi caso personal, en la medida que el Partido Liberal ha sido el que reivindica la necesidad de un cambio en el orden social y que el camino debe ser el de unas muy profundas reformas o el equivalente a una revolución pero por la vía institucional, esa sería la opción.

Pero respecto al 'Partido Liberal' toca un par de aclaraciones:

La primera, que bajo ese nombre han convivido dos tendencias cada vez más contradictorias: la que da una prioridad absoluta a la libertad del individuo (y por eso toma ese nombre), que corresponde a las ideologías nacidas para enfrentar inicialmente la omnipotencia del soberano y después la del Estado (es decir, las monarquías, las tiranías y los estados totalitarios) y, de otra parte, la que da más importancia a la armonía ciudadana, basada en que por sobre el derecho individual está la necesidad de una justicia social. Mientras para la primera la competencia debe dar el orden natural de la comunidad, para la segunda la responsabilidad social y la solidaridad deben ser las que determinan la clase de sociedad que se busca y el Estado que la debe organizar.
Hoy, la primera ha coronado casi en forma absoluta ('el fin de la historia') con el modelo o las tesis neoliberales, al tiempo que la segunda ha estado arrinconada y casi desaparecida. En el mundo esta situación es revisada y a ella se atribuyen la crisis de las economías, las confrontaciones y guerras entre culturas, y la destrucción del medio ambiente -es decir, el fracaso y el retraso en lo que debería ser el avance de la humanidad-. Pero en referencia a la actividad política del Partido Liberal en Colombia el resultado es aún más claro en el sentido que al identificarse con esa línea perdió totalmente la sintonía con su electorado: lo dicen las votaciones cuando, después de haber peleado y compartido durante siglo y medio el puesto de partido mayoritario, en escasos quince años cayó a menos de la quinta parte en el Congreso y a un escaso 7% de la votación total su candidato presidencial.

Esto lleva a la segunda aclaración; a saber, que también su organización ha mostrado tradicionalmente una división: por su propia naturaleza de partido de debate siempre existe una línea oficial y unos grupos, movimientos o disidencias que proponen un cambio de orientaciones y de directivas; casos se dieron con Gaitán, con el MRL o con Luis Carlos Galán; sin embargo, nunca el 'oficialismo' había estado tan lejos del respaldo popular (se repite: lo muestran las votaciones).

Siempre, en el escenario teórico de quien deseara 'hacer política', el siguiente paso sería entender el contexto del momento. Por supuesto, a comenzar por cómo y quién es el Gobierno, y cómo y quién representa alternativas (u oposición) a él. De esto último no hay mucho que decir: ni como partidos ni como líderes se ve nada que tenga peso, en cuanto a proponer algo distinto, coherente y en consecuencia que pueda tener algún impacto para el país; solo giran alrededor de cómo maniobrar en función de las elecciones, pero no teniendo verdaderas propuestas de alguna significación; que ganen o pierdan solo cambiará la suerte de sus candidatos pero para nada la del país. El contexto en resumen se reduce -por lo menos por ahora- a la 'Unidad Nacional' y al gobierno de Juan Manuel Santos.

Esclarecer la personalidad del presidente Santos se vuelve esencial. Pero no para calificar sus características sino simplemente para entenderlas y trabajar con ellas.

No peca de ambición en ningún aspecto: como él mismo lo dijo, ha tenido todo, y ni el poder, ni el dinero, ni la figuración son una meta para él. Tiene en cambio una vanidad superlativa: tanto como su obsesión a lo largo de la vida era llegar a Presidente, ahora su fijación es pasar a la historia en forma destacada. Se menciona su falta de lealtad; la realidad es que es furiosamente leal, pero a sí mismo: no tiene compromisos con individuos, ni con ideologías, ni con partidos, ni con modelos, y por eso mismo no tiene posiciones en contra de nada ni de nadie sino una gran capacidad de adaptación a las circunstancias. Sin duda alguna es inteligente, analiza y estudia y prepara sus acciones y además las acompaña de la habilidad para llevarlas a la práctica.
Por último, lo que tanto se repite, es un jugador nato, un apostador fuerte acostumbrado a que interese tanto o más el estudio del adversario que las cartas que uno tiene. Un buen ejemplo es su relación con Uribe: la limita a repetir que lo admira y a manejar las políticas y nombramientos que se requieren para corregir la catástrofe que dejó; es problema de Uribe cómo manejar eso; no hay peor ciego que el que no quiere ver, y solo esos ciegos no entienden que ninguna persona inteligente y con personalidad podía comprometerse con la continuidad de los enfrentamientos con las Cortes o con los vecinos; o con el tratamiento a la oposición, a los independientes, a las ONG; y solidarizarse con los delitos ya conocidos. La habilidad ha consistido en dejar que el espejo retrovisor opere solo, sin necesidad de destacar o reivindicar diferencias y distancias que se expresan por sí mismas.

Es de suponer que con su inteligencia tiene claro que, si no logra una paz en el país, cualquier gestión por buena que sea será solo otra administración más del tiempo de la guerra. Y en sentido contrario, que un acuerdo de paz, cualquiera que sea, lo pasa ipso facto a la historia, además de facilitar otra clase de resultados positivos.

Y sus otras características -falta de compromiso con cualquier persona o línea; habilidad para moverse tanto en el escenario como en la sombra; vocación para apostar duro-, permiten que sea la persona apropiada para una negociación. Negociación que también debe tener claro que es solo un aspecto formal, porque no puede llevar a ninguna verdadera salida o solución.

De ser correcto este análisis, las elecciones de octubre (y cómo se divide el uribismo y el santismo o el centro-derecha y el centro-izquierda) no solo son de poca importancia dentro de una perspectiva histórica, sino tampoco lo que más trasnocha al Primer Mandatario. Y de ser esto así, es sobre estas bases que deberían trabajar quienes tienen más preocupación por el futuro y por el país que por ellos mismos, y sobre todo quienes vemos que para poder enfrentar el verdadero problema nacional -el de una sociedad y un estado mal organizados- es requisito acabar con el pretexto de que la prioridad es la llamada 'guerra al terrorismo'.