sábado, 11 de septiembre de 2010

EL DEBATE SOBRE EL PROYECTO DE RELECCIÓN DE ALCALDES Y GOBERNADORES

Contribuimos con nuestro aporte a los debates de actualidad en el país. Ahora se presenta de nuevo un viejo proyecto que busca establecer la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores. Una iniciativa que despierta amplia polémica y que empieza a tramitarse en el Congreso de la República.
Los contra y los pro de esta propuesta son tema de debate. Nos permitimos reproducir, dando el respectivo crédito, una columna de opinión publicada en el diario El Tiempo de Bogotá el viernes 10 de septiembre: "Tomarse en serio un chiste malo". Se advierte sobre las negativas consecuencias que traería la aprobación de esta iniciativa, que debería hundirse de una buena vez en el legislativo. El artículo lo pueden consultar directamente en el siguiente link:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardoposadacarb/tomarse-en-serio-un-chiste-malo_7899493-1

O leerlo en nuestro blog:


Eduardo Posada Carbó

"Tomarse en serio un chiste malo



En otras circunstancias, la noticia habría sido apenas un mal chiste. Pero el proyecto de reforma constitucional para la reelección consecutiva de alcaldes y gobernadores, reanimado por el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, no es solo un chiste malo. Es una pésima iniciativa, de pobre fundamentación y, además, inoportuna. Sería un grave error que el debate público lo ignorara.
"No es posible ya esgrimir argumento alguno en contra de la natural y lógica prolongación" del "principio" de la reelección de gobernadores y alcaldes, dice la exposición de motivos del proyecto. ¿No? Los argumentos contra la reelección consecutiva abundan, con sólidas raíces intelectuales en el pensamiento liberal y republicano. Reforzados en Latinoamérica por amargas experiencias históricas. Sin embargo, quienes defienden la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores niegan la existencia de tales argumentos. Extraña forma de abrir el debate.
Para comenzar la discusión, debe insistirse en la necesidad de tener muy en cuenta todos los males que acarrea, por principio, cualquier reelección. En sí misma, la reelección consecutiva es un incentivo para el abuso del poder, la perpetuación en el mando, el anquilosamiento de la administración pública, la corrupción... El punto de partida debe ser por ello la desconfianza hacia la institución reelectoral, en vez de tratársela como un dogma bondadoso.
El que nuestro sistema haya adoptado la reelección consecutiva para el nivel presidencial no significa que su "prolongación" a los niveles departamentales y municipales sea "natural y lógica". No hay nada "natural" en el diseño de las instituciones. La política nacional no sigue siempre la misma lógica de las políticas locales. Más aún, es posible argumentar que las reelecciones de alcaldes y gobernadores representan mayores males que las reelecciones presidenciales.
Sobre los presidentes hay muchos más controles que sobre las autoridades locales, como lo sugirió Semana. La visibilidad de los primeros mandatarios -focos de atención del debate de opinión pública nacional- no encuentra paralelos entre los gobernantes locales, menos aún en municipios pequeños. Donde los recursos son pobres o están controlados por un puñado de personas, la reelección consecutiva sería otro incentivo para la consolidación de gamonalatos y clientelismos. Según el Ministro del Interior, el proyecto fortalecería la descentralización. No. Fortalecería sí la "feudalización" del poder, un problema histórico en muchas regiones colombianas.
La exposición de motivos del proyecto reconoce que la ocurrencia de gobernantes locales "prestigiosos, honestos y exitosos" se da en circunstancias excepcionales. Si tal es el caso, con mayores razones la preocupación prioritaria del legislador debería ser la de asegurar la rotación en el poder, en vez de crear incentivos para perpetuar eventualmente al mal gobierno. Y no es cierto que, bajo el sistema existente, los mandatarios no tengan posibilidades de ejecutar transformaciones de importancia. Obsérvese lo logrado en administraciones pasadas en Bogotá y Medellín, sin necesidad de reelecciones consecutivas. En efecto, el sistema que existe hoy para los gobiernos locales -que permite la reelección tras el descanso de un período, como había sido la tradición desde 1832, con excepciones- es mucho más sabio que el existente para la Presidencia desde el 2004.
Dice el Ministro del Interior que la prohibición actual de la reelección consecutiva de alcaldes y gobernadores "no se aviene con el interés general, el principio democrático y la conveniencia administrativa". Nada de esto se prueba en la exposición de motivos. Puede probarse lo contrario: que el proyecto atenta contra el interés general, debilitaría la democracia y entorpecería el desarrollo de gobernaciones y municipios. Se insiste por decimoséptima vez en la iniciativa, un mal chiste que hay que tomarse en serio". 

Eduardo Posada Carbó

EL DEBATE SOBRE EL PROYECTO DE RELECCIÓN DE ALCALDES Y GOBERNADORES

Contribuimos con nuestro aporte a los debates de actualidad en el país. Ahora se presenta de nuevo un viejo proyecto que busca establecer la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores. Una iniciativa que despierta amplia polémica y que empieza a tramitarse en el Congreso de la República.
Los contra y los pro de esta propuesta son tema de debate. Nos permitimos reproducir, dando el respectivo crédito, una columna de opinión publicada en el diario El Tiempo de Bogotá el viernes 10 de septiembre: "Tomarse en serio un chiste malo". Se advierte sobre las negativas consecuencias que traería la aprobación de esta iniciativa, que debería hundirse de una buena vez en el legislativo. El artículo lo pueden consultar directamente en el siguiente link:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardoposadacarb/tomarse-en-serio-un-chiste-malo_7899493-1

O leerlo en nuestro blog:


Eduardo Posada Carbó

"Tomarse en serio un chiste malo



En otras circunstancias, la noticia habría sido apenas un mal chiste. Pero el proyecto de reforma constitucional para la reelección consecutiva de alcaldes y gobernadores, reanimado por el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, no es solo un chiste malo. Es una pésima iniciativa, de pobre fundamentación y, además, inoportuna. Sería un grave error que el debate público lo ignorara.
"No es posible ya esgrimir argumento alguno en contra de la natural y lógica prolongación" del "principio" de la reelección de gobernadores y alcaldes, dice la exposición de motivos del proyecto. ¿No? Los argumentos contra la reelección consecutiva abundan, con sólidas raíces intelectuales en el pensamiento liberal y republicano. Reforzados en Latinoamérica por amargas experiencias históricas. Sin embargo, quienes defienden la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores niegan la existencia de tales argumentos. Extraña forma de abrir el debate.
Para comenzar la discusión, debe insistirse en la necesidad de tener muy en cuenta todos los males que acarrea, por principio, cualquier reelección. En sí misma, la reelección consecutiva es un incentivo para el abuso del poder, la perpetuación en el mando, el anquilosamiento de la administración pública, la corrupción... El punto de partida debe ser por ello la desconfianza hacia la institución reelectoral, en vez de tratársela como un dogma bondadoso.
El que nuestro sistema haya adoptado la reelección consecutiva para el nivel presidencial no significa que su "prolongación" a los niveles departamentales y municipales sea "natural y lógica". No hay nada "natural" en el diseño de las instituciones. La política nacional no sigue siempre la misma lógica de las políticas locales. Más aún, es posible argumentar que las reelecciones de alcaldes y gobernadores representan mayores males que las reelecciones presidenciales.
Sobre los presidentes hay muchos más controles que sobre las autoridades locales, como lo sugirió Semana. La visibilidad de los primeros mandatarios -focos de atención del debate de opinión pública nacional- no encuentra paralelos entre los gobernantes locales, menos aún en municipios pequeños. Donde los recursos son pobres o están controlados por un puñado de personas, la reelección consecutiva sería otro incentivo para la consolidación de gamonalatos y clientelismos. Según el Ministro del Interior, el proyecto fortalecería la descentralización. No. Fortalecería sí la "feudalización" del poder, un problema histórico en muchas regiones colombianas.
La exposición de motivos del proyecto reconoce que la ocurrencia de gobernantes locales "prestigiosos, honestos y exitosos" se da en circunstancias excepcionales. Si tal es el caso, con mayores razones la preocupación prioritaria del legislador debería ser la de asegurar la rotación en el poder, en vez de crear incentivos para perpetuar eventualmente al mal gobierno. Y no es cierto que, bajo el sistema existente, los mandatarios no tengan posibilidades de ejecutar transformaciones de importancia. Obsérvese lo logrado en administraciones pasadas en Bogotá y Medellín, sin necesidad de reelecciones consecutivas. En efecto, el sistema que existe hoy para los gobiernos locales -que permite la reelección tras el descanso de un período, como había sido la tradición desde 1832, con excepciones- es mucho más sabio que el existente para la Presidencia desde el 2004.
Dice el Ministro del Interior que la prohibición actual de la reelección consecutiva de alcaldes y gobernadores "no se aviene con el interés general, el principio democrático y la conveniencia administrativa". Nada de esto se prueba en la exposición de motivos. Puede probarse lo contrario: que el proyecto atenta contra el interés general, debilitaría la democracia y entorpecería el desarrollo de gobernaciones y municipios. Se insiste por decimoséptima vez en la iniciativa, un mal chiste que hay que tomarse en serio". 

Eduardo Posada Carbó

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL PENSADOR LIBERAL AGUDELO VILLA (3): ESCRIBE OTTO MORALES BENÍTEZ EN EL MUNDO

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=1852&idcuerpo=1&dscuerpo=Secci%C3%B3n%20A&idseccion=3&dsseccion=Opini%C3%B3n&idnoticia=158541&imagen=091203081209otto.jpg&vl=1&r=opinion.php





Atisbos desde El Refugio
El pensador liberal Agudelo Villa (3)
Otto Morales
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El Pensador Hernando Agudelo Villa, en el Ministerio de Hacienda, cumplió una tarea que benefició a Colombia. Al posesionarse, se tuvo que enfrentar a dos tareas apremiantes y de difícil orientación. Los interesados formulaban objeciones. Pero el logró que se aprobara una Reforma Tributaria, técnica, que no agobiara a los contribuyentes. Y, en segundo lugar, que entrara a regir un Arancel de Aduanas. El contrabando había crecido mucho en el país y favorecía a ciertos grupos, adictos a la Dictadura. Era, entonces, corregir los defectos que primaban contra la nación. Esos dos proyectos, los defendió en el Congreso con fórmulas de acierto, orientadas al servicio Colombiano. En la discusión de ellos, diò la medida de ser un erudito y serio expositor, con mucha fortaleza en los principios y no transar con los intereses transitorios. Era otra nueva faceta de sus altas calidades para orientar el destino de la Hacienda Nacional.
En el gobierno del Frente Nacional del doctor Alberto Lleras, había señalado, como prioridades, algunas labores en lo social. El Ministro Agudelo Villa tenía que entregar el soporte fiscal. Con un manejo eficacísimo y muy serio técnicamente del presupuesto, se pudieron dar las respuestas positivas. La situación era dramática. El Presidente Lleras, así lo planteó:

“Entramos al Gobierno con Presupuesto en que nosotros apenas pudimos intervenir fragmentariamente y a conducir una administración desorganizada por una maraña de decretos-leyes que el Congreso congeló ante la posibilidad de reformarlos o derogarlos acertadamente antes del levantamiento del estado de sitio. Por primera vez en muchísimos años y tal vez desde la crisis económica de 1930, el gobierno comenzó a ejercitarse sin apelación a ninguno de los flexibles resortes que tuvieron todos sus antecesores para defender a la República de situaciones fiscales y económicas imprevisibles y cambiantes. Con violencia y desorden en varias regiones del país; bajo la amenaza constante de la declinación de los precios del café en los mercados exteriores; con un proceso político excepcional en la historia republicana, acompañado de conspiraciones y amotinamientos promovidos por el antiguo Jefe del Gobierno, depuesto por la voluntad combinada del pueblo y de las Fuerzas Armadas a que pertenecía; con una insoportable carga de compromisos adquiridos en moneda dura para pagar adquisiciones y contratos no pocas veces irrazonables; con restricciones radicales al crédito y a las importaciones y a otras no menos graves al empleo por la suspensión de obras insensatas o sin financiación posible; en un inevitable proceso de reajuste de los costos y precios a la realidad aflictiva de una moneda desvalorizada; con salarios y sueldos insuficientes para la gran masa de la población colombiana, así iniciamos nuestra ardua empresa de gobierno que hubiera exigido en otras circunstancias y en otro país, no ya la unión nacional de todos los partidos políticos, sino la apretada solidaridad de todas las clases sociales para repartir equitativamente entre ellas el peso del común infortunio”.

Los retos eran muy exigentes. El Ministro Agudelo Villa daba respuestas positivas. Fue ejemplar su conducta sobresaliendo su inteligencia para encontrar las soluciones, sin sobrecargar las obligaciones nacionales y del exterior, adquiridas sin responsabilidad por la dictadura; atendiendo, además, las solicitudes regionales, que eran inaplazables. Por éstas se concibieron proyectos bien orientados, se crearon las zonas francas y luchaba, con mediadas monetarias, para que el precio del dólar no se disparara ni cayera la economía en la inflación que iba a incidir, duramente, sobre el pueblo colombiano en dificultades. Agudelo Villa, como Ministro, estaba cumpliendo sus deberes, pero, a la vez, haciendo propuestas de alcance nacional. La distribución al ingreso, fue una de su preocupaciones. No podía el país - era su tesis permanente – enriquecer unos sectores que no creaban trabajo y, cada vez, tenían mayor voracidad especulativa. Al mismo tiempo, hace aprobar la ley 81 de 1960 por medio de la cual se aumentaban, en el país, las exportaciones no tradicionales. No se puede olvidar que en esos años, la industria nacional creció en un siete por ciento (7%). Esto aumentaba la alegría de conductor de Agudelo Villa. Para impulsar màs nuestro desarrollo industrial, colaboró, con eficacia, para que Colombia firmara la adhesión a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Era, pues, un hombre con pensamiento sobre lo que màs convenía a la patria.

EL PENSADOR LIBERAL AGUDELO VILLA (3): ESCRIBE OTTO MORALES BENÍTEZ EN EL MUNDO

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=1852&idcuerpo=1&dscuerpo=Secci%C3%B3n%20A&idseccion=3&dsseccion=Opini%C3%B3n&idnoticia=158541&imagen=091203081209otto.jpg&vl=1&r=opinion.php





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El Pensador Hernando Agudelo Villa, en el Ministerio de Hacienda, cumplió una tarea que benefició a Colombia. Al posesionarse, se tuvo que enfrentar a dos tareas apremiantes y de difícil orientación. Los interesados formulaban objeciones. Pero el logró que se aprobara una Reforma Tributaria, técnica, que no agobiara a los contribuyentes. Y, en segundo lugar, que entrara a regir un Arancel de Aduanas. El contrabando había crecido mucho en el país y favorecía a ciertos grupos, adictos a la Dictadura. Era, entonces, corregir los defectos que primaban contra la nación. Esos dos proyectos, los defendió en el Congreso con fórmulas de acierto, orientadas al servicio Colombiano. En la discusión de ellos, diò la medida de ser un erudito y serio expositor, con mucha fortaleza en los principios y no transar con los intereses transitorios. Era otra nueva faceta de sus altas calidades para orientar el destino de la Hacienda Nacional.
En el gobierno del Frente Nacional del doctor Alberto Lleras, había señalado, como prioridades, algunas labores en lo social. El Ministro Agudelo Villa tenía que entregar el soporte fiscal. Con un manejo eficacísimo y muy serio técnicamente del presupuesto, se pudieron dar las respuestas positivas. La situación era dramática. El Presidente Lleras, así lo planteó:

“Entramos al Gobierno con Presupuesto en que nosotros apenas pudimos intervenir fragmentariamente y a conducir una administración desorganizada por una maraña de decretos-leyes que el Congreso congeló ante la posibilidad de reformarlos o derogarlos acertadamente antes del levantamiento del estado de sitio. Por primera vez en muchísimos años y tal vez desde la crisis económica de 1930, el gobierno comenzó a ejercitarse sin apelación a ninguno de los flexibles resortes que tuvieron todos sus antecesores para defender a la República de situaciones fiscales y económicas imprevisibles y cambiantes. Con violencia y desorden en varias regiones del país; bajo la amenaza constante de la declinación de los precios del café en los mercados exteriores; con un proceso político excepcional en la historia republicana, acompañado de conspiraciones y amotinamientos promovidos por el antiguo Jefe del Gobierno, depuesto por la voluntad combinada del pueblo y de las Fuerzas Armadas a que pertenecía; con una insoportable carga de compromisos adquiridos en moneda dura para pagar adquisiciones y contratos no pocas veces irrazonables; con restricciones radicales al crédito y a las importaciones y a otras no menos graves al empleo por la suspensión de obras insensatas o sin financiación posible; en un inevitable proceso de reajuste de los costos y precios a la realidad aflictiva de una moneda desvalorizada; con salarios y sueldos insuficientes para la gran masa de la población colombiana, así iniciamos nuestra ardua empresa de gobierno que hubiera exigido en otras circunstancias y en otro país, no ya la unión nacional de todos los partidos políticos, sino la apretada solidaridad de todas las clases sociales para repartir equitativamente entre ellas el peso del común infortunio”.

Los retos eran muy exigentes. El Ministro Agudelo Villa daba respuestas positivas. Fue ejemplar su conducta sobresaliendo su inteligencia para encontrar las soluciones, sin sobrecargar las obligaciones nacionales y del exterior, adquiridas sin responsabilidad por la dictadura; atendiendo, además, las solicitudes regionales, que eran inaplazables. Por éstas se concibieron proyectos bien orientados, se crearon las zonas francas y luchaba, con mediadas monetarias, para que el precio del dólar no se disparara ni cayera la economía en la inflación que iba a incidir, duramente, sobre el pueblo colombiano en dificultades. Agudelo Villa, como Ministro, estaba cumpliendo sus deberes, pero, a la vez, haciendo propuestas de alcance nacional. La distribución al ingreso, fue una de su preocupaciones. No podía el país - era su tesis permanente – enriquecer unos sectores que no creaban trabajo y, cada vez, tenían mayor voracidad especulativa. Al mismo tiempo, hace aprobar la ley 81 de 1960 por medio de la cual se aumentaban, en el país, las exportaciones no tradicionales. No se puede olvidar que en esos años, la industria nacional creció en un siete por ciento (7%). Esto aumentaba la alegría de conductor de Agudelo Villa. Para impulsar màs nuestro desarrollo industrial, colaboró, con eficacia, para que Colombia firmara la adhesión a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Era, pues, un hombre con pensamiento sobre lo que màs convenía a la patria.

viernes, 3 de septiembre de 2010

HOMENAJE A HERNANDO AGUDELO VILLA. ESCRIBE JAIME TOBÓN VILLEGAS EN EL MUNDO

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=1851&idcuerpo=1&dscuerpo=Secci%C3%B3n%20A&idseccion=3&dsseccion=Opini%C3%B3n&idnoticia=158432&imagen=100902010923JAIME%20TOBON%20VILLEGAS.jpg&vl=1&r=opinion.php


Un Gran Liberal se ha ido. Hernando Agudelo Villa dejó profunda huella y nos unimos a las múltiples voces que lamentan su deceso y le rinden homenaje. Este artículo del doctor Jaime Tobón Villegas, en El Mundo, nos ilustra sobre al talante del estadista desaparecido:




Recordando a mi gran amigo
Jaime Tobon Villegas
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Con el dolor de un hermano en la amistad, me veo en la encrucijada de aceptar la desaparición de quien fuera para mi, compañero inseparable, consejero, amigo en todas las etapas de mi vida.

Conocí a Hernando Agudelo Villa en 1941 cuando iniciamos el curso de bachiller en el Liceo Antioqueño, bajo la dirección del doctor Joaquín Vallejo Arbeláez. Desde ese momento juntamos nuestras vidas y pensamientos sobre el futuro del país y del nuestro. Durante los seis años de bachillerato se distinguió siempre por su consagración al estudio, discusión en la cátedra y empezó a formar parte de comités de estudios y de gestión política. Tanto Hernando como yo tuvimos la fortuna de una amistad entrañable y tal vez nos unió el hecho de haber eximido varias de materias en los primeros cuatro años con otros compañeros del curso. Amistad que redoblamos entre todos cuando nos encontramos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia.
En 1941, terminado el bachillerato y Filosofía y Letras, regentados por los distinguidos académicos y profesores de la época, cuya lista me abstengo de pasar en este comentario, pero para quienes guardamos un profundo respeto y admiración, porque, a más de profesores de cátedra o de tiempo completo, fueron nuestros consejeros y orientadores para las facultades escogidas. En aquella fecha la Universidad abrió un concurso sobre el prócer Francisco de Paula Santander con motivo del primer centenario de su muerte en 1840, y fue tan sorprendente el estudio de Agudelo que obtuvo el primer premio y como en la primaria, con cinco admirado. Quizás esto influyó en la escogencia de la carrera de Derecho de nuestro amigo desaparecido. Llegó al Consejo Superior de la Universidad en representación del estudiantado.

Tuve la oportunidad después, en los años de bachillerato, de vincularme a la casa del Dr Joaquín Agudelo en la calle Bolivia y cuya biblioteca puso a nuestra disposición. Allí con los amigos de la facultad tuvimos la fortuna de contar con el consejo del Dr Joaquín, usar su biblioteca, inclusive, prestarle servicios de mensajería en su oficina del Parque de Berrio, casona de dos pisos donde después se levantó el Banco de la República y finalmente la Bolsa de Valores. En este mismo sitio, terminada la carrera, con los compañeros Jorge Fernández, Ramón Abel Castaño y José María Echeverry, fundamos la oficina “Legalco” que yo representaba en Bogotá por cuanto me había trasladado en la mitad de la carrera para trabajar en el Ministerio de Hacienda con el Dr. Carlos Lleras Restrepo y el traspaso a la Universidad Libre de Colombia bajo la rectoría del Dr. Tulio Enrique Tascón. Con el mejor recuerdo de aquellas épocas me abstengo de hacer la lista de los profesores en las facultades de Medellín y Bogotá, pero tengo la convicción para afirmar que fue una época de excelencia académica.

Posteriormente, después de permanecer nueve años en Fenalco, abrí una oficina de Asesorías Jurídicas y Económicas , inicialmente con el Dr Rodrigo Llorente y luego con Pablo Cárdenas Pérez y Lázaro Martínez Ciro y más tarde nos acompañaron los doctores Hernán Toro Agudelo y Enrique Moreno Quevedo, en el séptimo piso de la Compañía Colombiana de Tabaco, oficina que fue una especie de consulado antioqueño y de allí salió la idea de fundar la casa de Antioquia en visita del Dr Mario Aramburo, gobernador y Peter Santamaría, secretario de Hacienda, por aquellas épocas.

No quiero repetir lo que ya se ha dicho sobre Hernando Agudelo en comentarios muy profundos como el editorial de los periódicos El Mundo y El Colombiano ; y en las honras fúnebres por parte del Director de la Sociedad Económica de Amigos del País y en la Catedral Primada de Colombia. A estos análisis de su vida llena de triunfos, en su carrera profesional, en la organización de Fenalco en Medellín y Bogotá; Ministerio de Hacienda por tres años en 1958 al 1961 bajo la dirección del Presidente Alberto Lleras Camargo. En esta época tuvimos la oportunidad de estar muy cerca y poder compartir tres leyes fundamentales que fueron: la Ley 155 sobre Monopolios y Control de Capitales, tomada de la Legislación americana; la 81 sobre Régimen Fiscal y Tributaria y la famosa Ley 26 para el desarrollo agropecuario que sirvió de base al crecimiento de los Fondos Ganaderos de entonces y a los particulares que se acogieron a sus disposiciones.

Los triunfos de Hernando aparecen después en empresas de Urabá y del Valle, en el Banco Interamericano de Desarrollo; en el grupo de los Nueve Sabios y en Londres en la facultad de Economía. Finalmente y durante cuatro años permaneció en Italia con la representación de varios gobiernos, en la FAO, donde tuvo la oportunidad de aportar sus conocimientos en materia de seguridad alimentaria, utilización de las tierras y reformas agrarias ; el extraordinario trabajo que en 1951 realizó para la Federación Nacional de Comerciantes sobre “El Comercio Colombiano y la Economía Nacional”.

Este estudio en 252 páginas, se publicó en mayo de 1952 y fue materia de análisis por parte de los ministerios del sector económico, de industriales y comerciantes.

El doctor Agudelo fue el creador de dos movimientos importantes desde el punto de vista de la política liberal, económica y de desarrollo que dieron origen a importantes discusiones de los sectores económicos del país: Antioquia Liberal en Marcha y los encuentros liberales que empezaron en La Ceja en 1966, y en los que tuve el honor y compromiso de llevar la Secretaría General. Los estudios publicados entonces fueron materia de discusión en el Congreso, convenciones y asambleas liberales.

No puedo omitir un hecho importante cuando terminaba el gobierno del Presidente Belisario Betancur, los doctores Hernando Agudelo y Virgilio Barco fueron las dos figuras prominentes para el nuevo período. En los círculos de alta política en Bogotá, tenía magnífico ambiente el nombre del Dr Agudelo pero, por esas cosas de la política, la convención liberal escogió al Dr Virgilio Barco.

Fue así como el país le quedó debiendo este honor a nuestro paisano, pero también se privó de haber recibido la orientación política y económica que el Dr Agudelo mostraba ya en su brillante carrera académica y profesional.
Sus honras fúnebres se celebraron en la Catedral Primada de Colombia con las más altas autoridades civiles, políticas y eclesiásticas, después de permanecer los días 30 y 31 de julio en cámara ardiente en la Sociedad Económica de Amigos del País, que fue dirigida en los últimos años por el Dr Agudelo. Allí produjo, el abogado y economista, toda una literatura económica y política, cuyas publicaciones en libros y folletos (todos en color rojo), aparecen hoy en los estantes de quienes quieran analizar la política económica de los últimos tiempos y las orientaciones que daba el Dr. Agudelo para el inmediato futuro. Lastimosamente una enfermedad, de esas que aparecen de tarde en tarde, terminó con su valiosa existencia.

Me tomo la vocería de la familia de sus dos hijos Andrés y Rosario, su señora Carmen Eugenia y la familia Maya Agudelo para expresar los más sinceros sentimientos de pesadumbre y agradecer los documentos que se produjeron por parte de los doctores Nelson Vargas Pardo, director de la Asociación, Otto Morales Benítez y los doctores Guillermo Gaviria Echeverri y Evelio Ramírez Martínez, cuyos textos esperamos reproducir oportunamente para el análisis que hicieron de su perdurable obra que continuará de consulta para quienes se preocupan por la suerte económica y social del país..

Honor a su nombre y luto en sus amigos.

HOMENAJE A HERNANDO AGUDELO VILLA. ESCRIBE JAIME TOBÓN VILLEGAS EN EL MUNDO

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=1851&idcuerpo=1&dscuerpo=Secci%C3%B3n%20A&idseccion=3&dsseccion=Opini%C3%B3n&idnoticia=158432&imagen=100902010923JAIME%20TOBON%20VILLEGAS.jpg&vl=1&r=opinion.php


Un Gran Liberal se ha ido. Hernando Agudelo Villa dejó profunda huella y nos unimos a las múltiples voces que lamentan su deceso y le rinden homenaje. Este artículo del doctor Jaime Tobón Villegas, en El Mundo, nos ilustra sobre al talante del estadista desaparecido:




Recordando a mi gran amigo
Jaime Tobon Villegas
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Con el dolor de un hermano en la amistad, me veo en la encrucijada de aceptar la desaparición de quien fuera para mi, compañero inseparable, consejero, amigo en todas las etapas de mi vida.

Conocí a Hernando Agudelo Villa en 1941 cuando iniciamos el curso de bachiller en el Liceo Antioqueño, bajo la dirección del doctor Joaquín Vallejo Arbeláez. Desde ese momento juntamos nuestras vidas y pensamientos sobre el futuro del país y del nuestro. Durante los seis años de bachillerato se distinguió siempre por su consagración al estudio, discusión en la cátedra y empezó a formar parte de comités de estudios y de gestión política. Tanto Hernando como yo tuvimos la fortuna de una amistad entrañable y tal vez nos unió el hecho de haber eximido varias de materias en los primeros cuatro años con otros compañeros del curso. Amistad que redoblamos entre todos cuando nos encontramos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia.
En 1941, terminado el bachillerato y Filosofía y Letras, regentados por los distinguidos académicos y profesores de la época, cuya lista me abstengo de pasar en este comentario, pero para quienes guardamos un profundo respeto y admiración, porque, a más de profesores de cátedra o de tiempo completo, fueron nuestros consejeros y orientadores para las facultades escogidas. En aquella fecha la Universidad abrió un concurso sobre el prócer Francisco de Paula Santander con motivo del primer centenario de su muerte en 1840, y fue tan sorprendente el estudio de Agudelo que obtuvo el primer premio y como en la primaria, con cinco admirado. Quizás esto influyó en la escogencia de la carrera de Derecho de nuestro amigo desaparecido. Llegó al Consejo Superior de la Universidad en representación del estudiantado.

Tuve la oportunidad después, en los años de bachillerato, de vincularme a la casa del Dr Joaquín Agudelo en la calle Bolivia y cuya biblioteca puso a nuestra disposición. Allí con los amigos de la facultad tuvimos la fortuna de contar con el consejo del Dr Joaquín, usar su biblioteca, inclusive, prestarle servicios de mensajería en su oficina del Parque de Berrio, casona de dos pisos donde después se levantó el Banco de la República y finalmente la Bolsa de Valores. En este mismo sitio, terminada la carrera, con los compañeros Jorge Fernández, Ramón Abel Castaño y José María Echeverry, fundamos la oficina “Legalco” que yo representaba en Bogotá por cuanto me había trasladado en la mitad de la carrera para trabajar en el Ministerio de Hacienda con el Dr. Carlos Lleras Restrepo y el traspaso a la Universidad Libre de Colombia bajo la rectoría del Dr. Tulio Enrique Tascón. Con el mejor recuerdo de aquellas épocas me abstengo de hacer la lista de los profesores en las facultades de Medellín y Bogotá, pero tengo la convicción para afirmar que fue una época de excelencia académica.

Posteriormente, después de permanecer nueve años en Fenalco, abrí una oficina de Asesorías Jurídicas y Económicas , inicialmente con el Dr Rodrigo Llorente y luego con Pablo Cárdenas Pérez y Lázaro Martínez Ciro y más tarde nos acompañaron los doctores Hernán Toro Agudelo y Enrique Moreno Quevedo, en el séptimo piso de la Compañía Colombiana de Tabaco, oficina que fue una especie de consulado antioqueño y de allí salió la idea de fundar la casa de Antioquia en visita del Dr Mario Aramburo, gobernador y Peter Santamaría, secretario de Hacienda, por aquellas épocas.

No quiero repetir lo que ya se ha dicho sobre Hernando Agudelo en comentarios muy profundos como el editorial de los periódicos El Mundo y El Colombiano ; y en las honras fúnebres por parte del Director de la Sociedad Económica de Amigos del País y en la Catedral Primada de Colombia. A estos análisis de su vida llena de triunfos, en su carrera profesional, en la organización de Fenalco en Medellín y Bogotá; Ministerio de Hacienda por tres años en 1958 al 1961 bajo la dirección del Presidente Alberto Lleras Camargo. En esta época tuvimos la oportunidad de estar muy cerca y poder compartir tres leyes fundamentales que fueron: la Ley 155 sobre Monopolios y Control de Capitales, tomada de la Legislación americana; la 81 sobre Régimen Fiscal y Tributaria y la famosa Ley 26 para el desarrollo agropecuario que sirvió de base al crecimiento de los Fondos Ganaderos de entonces y a los particulares que se acogieron a sus disposiciones.

Los triunfos de Hernando aparecen después en empresas de Urabá y del Valle, en el Banco Interamericano de Desarrollo; en el grupo de los Nueve Sabios y en Londres en la facultad de Economía. Finalmente y durante cuatro años permaneció en Italia con la representación de varios gobiernos, en la FAO, donde tuvo la oportunidad de aportar sus conocimientos en materia de seguridad alimentaria, utilización de las tierras y reformas agrarias ; el extraordinario trabajo que en 1951 realizó para la Federación Nacional de Comerciantes sobre “El Comercio Colombiano y la Economía Nacional”.

Este estudio en 252 páginas, se publicó en mayo de 1952 y fue materia de análisis por parte de los ministerios del sector económico, de industriales y comerciantes.

El doctor Agudelo fue el creador de dos movimientos importantes desde el punto de vista de la política liberal, económica y de desarrollo que dieron origen a importantes discusiones de los sectores económicos del país: Antioquia Liberal en Marcha y los encuentros liberales que empezaron en La Ceja en 1966, y en los que tuve el honor y compromiso de llevar la Secretaría General. Los estudios publicados entonces fueron materia de discusión en el Congreso, convenciones y asambleas liberales.

No puedo omitir un hecho importante cuando terminaba el gobierno del Presidente Belisario Betancur, los doctores Hernando Agudelo y Virgilio Barco fueron las dos figuras prominentes para el nuevo período. En los círculos de alta política en Bogotá, tenía magnífico ambiente el nombre del Dr Agudelo pero, por esas cosas de la política, la convención liberal escogió al Dr Virgilio Barco.

Fue así como el país le quedó debiendo este honor a nuestro paisano, pero también se privó de haber recibido la orientación política y económica que el Dr Agudelo mostraba ya en su brillante carrera académica y profesional.
Sus honras fúnebres se celebraron en la Catedral Primada de Colombia con las más altas autoridades civiles, políticas y eclesiásticas, después de permanecer los días 30 y 31 de julio en cámara ardiente en la Sociedad Económica de Amigos del País, que fue dirigida en los últimos años por el Dr Agudelo. Allí produjo, el abogado y economista, toda una literatura económica y política, cuyas publicaciones en libros y folletos (todos en color rojo), aparecen hoy en los estantes de quienes quieran analizar la política económica de los últimos tiempos y las orientaciones que daba el Dr. Agudelo para el inmediato futuro. Lastimosamente una enfermedad, de esas que aparecen de tarde en tarde, terminó con su valiosa existencia.

Me tomo la vocería de la familia de sus dos hijos Andrés y Rosario, su señora Carmen Eugenia y la familia Maya Agudelo para expresar los más sinceros sentimientos de pesadumbre y agradecer los documentos que se produjeron por parte de los doctores Nelson Vargas Pardo, director de la Asociación, Otto Morales Benítez y los doctores Guillermo Gaviria Echeverri y Evelio Ramírez Martínez, cuyos textos esperamos reproducir oportunamente para el análisis que hicieron de su perdurable obra que continuará de consulta para quienes se preocupan por la suerte económica y social del país..

Honor a su nombre y luto en sus amigos.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA DISCUSIÓN AGRARIA

Son muchos los problemas que un país como Colombia debe enfrentar para tratar de enderezar el rumbo que se perdió en los vericuetos de la politiquería y la falta de compromiso de una clase dirigente mediocre por esencia.

El problema de la tierra, la tenencia de este elemento que es vital en el desarrollo de Colombia, trata de enfocarse en la búsqueda de una solución en la que pareciera estar comprometido el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos.

El Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, ha dicho que la tarea más importante de la cartera a su cargo es la de devolver las tierras que por la violencia han sido arrebatadas a los campesinos, millones de ellos desplazados y habitantes de los cinturones de miseria de las ciudades.

Nuestro pueblo, Ituango, es campesino por esencia y no ha sido ajeno a las dificultades que nos plantea el conflicto interno armado.

De ahí que veamos con optimismo moderado la intención del nuevo gobierno y en esa medida abramos el debate para que nuestros ciberlectores conozcan la visión de columnistas del país alrededor de una temática que es vital para hurgar el futuro de nuestro pueblo y en general de Colombia.

Les dejamos entonces varias visiones en artículos de prensa. La discusión queda abierta.

LA IMPORTANCIA DE LA DISCUSIÓN AGRARIA

Son muchos los problemas que un país como Colombia debe enfrentar para tratar de enderezar el rumbo que se perdió en los vericuetos de la politiquería y la falta de compromiso de una clase dirigente mediocre por esencia.

El problema de la tierra, la tenencia de este elemento que es vital en el desarrollo de Colombia, trata de enfocarse en la búsqueda de una solución en la que pareciera estar comprometido el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos.

El Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, ha dicho que la tarea más importante de la cartera a su cargo es la de devolver las tierras que por la violencia han sido arrebatadas a los campesinos, millones de ellos desplazados y habitantes de los cinturones de miseria de las ciudades.

Nuestro pueblo, Ituango, es campesino por esencia y no ha sido ajeno a las dificultades que nos plantea el conflicto interno armado.

De ahí que veamos con optimismo moderado la intención del nuevo gobierno y en esa medida abramos el debate para que nuestros ciberlectores conozcan la visión de columnistas del país alrededor de una temática que es vital para hurgar el futuro de nuestro pueblo y en general de Colombia.

Les dejamos entonces varias visiones en artículos de prensa. La discusión queda abierta.

TIERRA Y BICENTENARIO: MAURICIO GARCÍA VILLEGAS EN EL ESPECTADOR

http://www.elespectador.com/columna-221398-tierra-y-bicentenario

 

Opinión| 27 Ago 2010 - 9:59 pm

Mauricio García Villegas

Tierra y Bicentenario

Por: Mauricio García Villegas
PARA SORPRESA DE TODOS LOS COlombianos, el Ministro de Agricultura ha dicho que el Gobierno quiere hacer una reforma agraria.

Serían innumerables los obstáculos que enfrentaría esa propuesta. Pero si el Gobierno logra sacarla adelante, habrá conseguido, a mi juicio, la transformación social y política más importante de estos doscientos años de Independencia.
El latifundio es la herencia más visible de esa sociedad nobiliaria que dejó de existir en buena parte de Europa —incluida España— y en los Estados Unidos, hace más de un siglo. Miren estos datos. Antes de la Revolución Francesa, los nobles (1,5% de la población) eran dueños del 35% de la tierra cultivable. Las dos terceras partes de los campesinos eran pequeños propietarios y los grandes latifundios eran escasos. En Colombia no hay nobles, pero la situación es peor que en la Francia del antiguo régimen: tenemos cerca de 16 mil finqueros (0,4 de los propietarios), dueños de predios de más de 500 hectáreas y que controlan el 62 % de la tierra cultivable; mientras tanto, más de tres millones de campesinos (el 86% de los propietarios) sólo son dueños del 8,8% de la tierra.
¿Qué más prueba se necesita para afirmar que una buena parte del campo colombiano todavía vive en el pasado colonial? Son muchos los municipios del país que están dominados por latifundios, cuyos propietarios, servidos por campesinos sin tierra que reciben un salario incompleto, son los gamonales del pueblo, controlan las elecciones municipales y deciden sobre lo esencial de la suerte de los habitantes del municipio (y no hablo del paramilitarismo ni de la parapolítica para no agravar esta imagen). Es verdad que los latifundistas de hoy ya no se desplazan a caballo, ni se visten como hidalgos, pero su concepción de la sociedad, de la ley, de la ciudadanía, de los derechos y del poder público, está más cerca de la mentalidad que tenían los señores feudales, que de la manera como hoy piensan los dueños de la tierra en los países desarrollados.
 Los liberales modernos de este país, defensores de la propiedad privada y del capitalismo, saben que una reforma agraria ayudaría al desarrollo económico y sería un factor de progreso social y político sin precedentes. Hace setenta y cinco años, el presidente Alfonso López Pumarejo, que era uno de ellos, decía lo siguiente: “No admite más plazos el examen de nuestro régimen de tierras”. A pesar de su enorme popularidad, su propuesta de reforma agraria fracasó, como también fracasó, treinta años más tarde, la de Carlos Lleras Restrepo, otro liberal del mismo corte. He aquí un indicio más de que, en este país, los principales enemigos de la derecha terrateniente, la misma que nos gobernó durante los últimos años, no son los guerrilleros, como nos quieren hacer creer, sino los liberales de verdad.
Durante las últimas décadas, y sobre todo durante el gobierno pasado, no sólo hubo una enorme concentración de la tierra sino que la idea de hacer una reforma del campo fue políticamente enterrada (… y todavía hay quienes dicen que Uribe fue nuestro segundo libertador). Ahora, sorpresivamente, el sentido común agrario regresa al Gobierno. Esperemos que tenga mejor suerte que en el pasado.
Si en Colombia se logra hacer una reforma agraria, tendremos por fin un buen motivo para celebrar el Bicentenario de la Independencia. Sólo exagero un poco si digo que ése sería un evento tan importante como la expulsión de los españoles del territorio granadino.
* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de DeJuSticia

TIERRA Y BICENTENARIO: MAURICIO GARCÍA VILLEGAS EN EL ESPECTADOR

http://www.elespectador.com/columna-221398-tierra-y-bicentenario

 

Opinión| 27 Ago 2010 - 9:59 pm

Mauricio García Villegas

Tierra y Bicentenario

Por: Mauricio García Villegas
PARA SORPRESA DE TODOS LOS COlombianos, el Ministro de Agricultura ha dicho que el Gobierno quiere hacer una reforma agraria.

Serían innumerables los obstáculos que enfrentaría esa propuesta. Pero si el Gobierno logra sacarla adelante, habrá conseguido, a mi juicio, la transformación social y política más importante de estos doscientos años de Independencia.
El latifundio es la herencia más visible de esa sociedad nobiliaria que dejó de existir en buena parte de Europa —incluida España— y en los Estados Unidos, hace más de un siglo. Miren estos datos. Antes de la Revolución Francesa, los nobles (1,5% de la población) eran dueños del 35% de la tierra cultivable. Las dos terceras partes de los campesinos eran pequeños propietarios y los grandes latifundios eran escasos. En Colombia no hay nobles, pero la situación es peor que en la Francia del antiguo régimen: tenemos cerca de 16 mil finqueros (0,4 de los propietarios), dueños de predios de más de 500 hectáreas y que controlan el 62 % de la tierra cultivable; mientras tanto, más de tres millones de campesinos (el 86% de los propietarios) sólo son dueños del 8,8% de la tierra.
¿Qué más prueba se necesita para afirmar que una buena parte del campo colombiano todavía vive en el pasado colonial? Son muchos los municipios del país que están dominados por latifundios, cuyos propietarios, servidos por campesinos sin tierra que reciben un salario incompleto, son los gamonales del pueblo, controlan las elecciones municipales y deciden sobre lo esencial de la suerte de los habitantes del municipio (y no hablo del paramilitarismo ni de la parapolítica para no agravar esta imagen). Es verdad que los latifundistas de hoy ya no se desplazan a caballo, ni se visten como hidalgos, pero su concepción de la sociedad, de la ley, de la ciudadanía, de los derechos y del poder público, está más cerca de la mentalidad que tenían los señores feudales, que de la manera como hoy piensan los dueños de la tierra en los países desarrollados.
 Los liberales modernos de este país, defensores de la propiedad privada y del capitalismo, saben que una reforma agraria ayudaría al desarrollo económico y sería un factor de progreso social y político sin precedentes. Hace setenta y cinco años, el presidente Alfonso López Pumarejo, que era uno de ellos, decía lo siguiente: “No admite más plazos el examen de nuestro régimen de tierras”. A pesar de su enorme popularidad, su propuesta de reforma agraria fracasó, como también fracasó, treinta años más tarde, la de Carlos Lleras Restrepo, otro liberal del mismo corte. He aquí un indicio más de que, en este país, los principales enemigos de la derecha terrateniente, la misma que nos gobernó durante los últimos años, no son los guerrilleros, como nos quieren hacer creer, sino los liberales de verdad.
Durante las últimas décadas, y sobre todo durante el gobierno pasado, no sólo hubo una enorme concentración de la tierra sino que la idea de hacer una reforma del campo fue políticamente enterrada (… y todavía hay quienes dicen que Uribe fue nuestro segundo libertador). Ahora, sorpresivamente, el sentido común agrario regresa al Gobierno. Esperemos que tenga mejor suerte que en el pasado.
Si en Colombia se logra hacer una reforma agraria, tendremos por fin un buen motivo para celebrar el Bicentenario de la Independencia. Sólo exagero un poco si digo que ése sería un evento tan importante como la expulsión de los españoles del territorio granadino.
* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de DeJuSticia

¿CUÁL REFORMA AGRARIA? JORGE ARANGO MEJÍA EN EL MUNDO


¿Cuál Reforma Agraria?
Jorge Arango Mejía
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Ha dicho el ministro de Agricultura que con la hacienda Carimagua (la misma que figuró en uno de los escándalos de quien hiciera picardías con Agro Ingreso Seguro) hará la reforma agraria. Cuando se leen estas noticias uno no puede menos que decir con el poeta: ¡estas cosas dan ganas de llorar! Veamos porqué.

El cambio en la explotación de la tierra, en las relaciones entre quienes la trabajan y los dueños, fue uno de los temas de Carlos Lleras Restrepo. Durante su gobierno, maniatado por las reglas del Frente Nacional, hizo todo lo que pudo para poner realmente en vigencia la ley de reforma agraria, 135 de 1961, que se había dictado durante la administración de Alberto Lleras. Cuando aspiró por segunda vez a la presidencia, en 1977, el problema de los campesinos sin tierra fue una de sus banderas, y esto le valió la enemistad de los terratenientes de la Costa, muchos de los cuales además de latifundios tenían votos. Carlos Lleras siempre recordaba las palabras de Alejandro López, uno de los grandes pensadores liberales que ha dado Antioquia: “Colombia no puede ser más un país de peones.”
La ley 135 pasó a mejor vida cuando en el gobierno de Pastrana, en 1971, se negoció el Acuerdo de Chicoral. Hasta ahí llegó la reforma agraria.

Ahora se anuncia como un gran paso la entrega de 17.000 hectáreas a unos desplazados por la violencia de guerrilleros y paramilitares, vale decir, de bandoleros, porque lo mismo son los unos y los otros. La verdad es otra: en este gobierno no habrá reforma agraria. ¿Por qué?

Porque en los últimos años el país ha aceptado la tesis conservadora de que basta aumentar la productividad y, por consiguiente, la producción sin redistribuir la tierra. Es, en esta materia, la falacia de crecer la torta para repartirla después, cuando la verdad es lo contrario: mientras más crece menos son sus dueños y más abusan de su condición. Además, ¿qué son 17.000 hectáreas para quince millones de campesinos? Apenas un chiste cruel.

Para colmo de desgracias, los dineros del narcotráfico y la alianza de sus empresarios con los bandoleros, arrebataron las tierras a campesinos que hoy padecen hambre en las ciudades.

Quienes han dirigido el Liberalismo en los últimos años, olvidaron que mejorar la situación de quienes labran la tierra, ha sido siempre una de sus banderas. En la primera administración de Alfonso López, en 1936, el Congreso aprobó la ley 200 que en su momento fue una revolución. En esa época el conservador José Camacho Carreño y el liberal -pues decía serlo- Juan Lozano y Lozano (abuelo del actual presidente del partido de la U) fundaron la A. P. E. N. y desde el periódico La Razón empezaron una encarnizada campaña para defender el “sagrado derecho de propiedad", según ellos amenazado por el artículo 30 de la Constitución, aprobado en la reforma de 1936, que definía ese derecho como una función social que implica obligaciones.

Que se tranquilicen los terratenientes: no habrá reforma agraria. Para los campesinos la justicia seguirá siendo una virtud lejana, buena para divagar sobre ella o adornar discursos pero no para aplicarla.

Posdata: ojalá los delitos de los que se dedicaban al espionaje telefónico, no queden cubiertos por el manto de la prescripción. Sería una vergüenza. Que se haga justicia, es el clamor de los colombianos, cansados de la impunidad. ¿Y dónde quedó la dignidad de Sabas, quien no renuncia y sigue pleiteando, mientras saborea las mieles de la vida.

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Ha dicho el ministro de Agricultura que con la hacienda Carimagua (la misma que figuró en uno de los escándalos de quien hiciera picardías con Agro Ingreso Seguro) hará la reforma agraria. Cuando se leen estas noticias uno no puede menos que decir con el poeta: ¡estas cosas dan ganas de llorar! Veamos porqué.

El cambio en la explotación de la tierra, en las relaciones entre quienes la trabajan y los dueños, fue uno de los temas de Carlos Lleras Restrepo. Durante su gobierno, maniatado por las reglas del Frente Nacional, hizo todo lo que pudo para poner realmente en vigencia la ley de reforma agraria, 135 de 1961, que se había dictado durante la administración de Alberto Lleras. Cuando aspiró por segunda vez a la presidencia, en 1977, el problema de los campesinos sin tierra fue una de sus banderas, y esto le valió la enemistad de los terratenientes de la Costa, muchos de los cuales además de latifundios tenían votos. Carlos Lleras siempre recordaba las palabras de Alejandro López, uno de los grandes pensadores liberales que ha dado Antioquia: “Colombia no puede ser más un país de peones.”
La ley 135 pasó a mejor vida cuando en el gobierno de Pastrana, en 1971, se negoció el Acuerdo de Chicoral. Hasta ahí llegó la reforma agraria.

Ahora se anuncia como un gran paso la entrega de 17.000 hectáreas a unos desplazados por la violencia de guerrilleros y paramilitares, vale decir, de bandoleros, porque lo mismo son los unos y los otros. La verdad es otra: en este gobierno no habrá reforma agraria. ¿Por qué?

Porque en los últimos años el país ha aceptado la tesis conservadora de que basta aumentar la productividad y, por consiguiente, la producción sin redistribuir la tierra. Es, en esta materia, la falacia de crecer la torta para repartirla después, cuando la verdad es lo contrario: mientras más crece menos son sus dueños y más abusan de su condición. Además, ¿qué son 17.000 hectáreas para quince millones de campesinos? Apenas un chiste cruel.

Para colmo de desgracias, los dineros del narcotráfico y la alianza de sus empresarios con los bandoleros, arrebataron las tierras a campesinos que hoy padecen hambre en las ciudades.

Quienes han dirigido el Liberalismo en los últimos años, olvidaron que mejorar la situación de quienes labran la tierra, ha sido siempre una de sus banderas. En la primera administración de Alfonso López, en 1936, el Congreso aprobó la ley 200 que en su momento fue una revolución. En esa época el conservador José Camacho Carreño y el liberal -pues decía serlo- Juan Lozano y Lozano (abuelo del actual presidente del partido de la U) fundaron la A. P. E. N. y desde el periódico La Razón empezaron una encarnizada campaña para defender el “sagrado derecho de propiedad", según ellos amenazado por el artículo 30 de la Constitución, aprobado en la reforma de 1936, que definía ese derecho como una función social que implica obligaciones.

Que se tranquilicen los terratenientes: no habrá reforma agraria. Para los campesinos la justicia seguirá siendo una virtud lejana, buena para divagar sobre ella o adornar discursos pero no para aplicarla.

Posdata: ojalá los delitos de los que se dedicaban al espionaje telefónico, no queden cubiertos por el manto de la prescripción. Sería una vergüenza. Que se haga justicia, es el clamor de los colombianos, cansados de la impunidad. ¿Y dónde quedó la dignidad de Sabas, quien no renuncia y sigue pleiteando, mientras saborea las mieles de la vida.

LA POLÍTICA DE TIERRAS: JUAN MANUEL GALÁN EN EL MUNDO


La política de tierras
Juan Manuel Galán*
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Es muy positivo que el país esté abordando, finalmente, la problemática de la tierra, especialmente desde la óptica de la restitución a quienes fueron víctimas del despojo por parte de grupos armados ilegales en complicidad, en algunas ocasiones, de servidores públicos.

Esta visión es un buen punto de partida pues se vincula especialmente con aquella población más vulnerable que ha sufrido la violencia, el desarraigo, la pobreza y la exclusión.
No obstante lo anterior, la priorización de las víctimas del conflicto no puede hacernos perder de vista que el problema de la tierra va más allá del conflicto armado. Como en el Apocalipsis el campo colombiano sufre la desolación causada por los jinetes de la guerra, del hambre y de la enfermedad.

La pobreza rural, la ineficiencia ambiental y económica de la distribución y uso de la tierra, el abandono de los jóvenes de la vida campesina, son componentes fundamentales del problema que requiere atención prioritaria por la sociedad y el Estado.

El último atlas del Instituto Geográfico Agustín Codazzi documenta estas realidades de forma muy completa y objetiva. Se evidencia que la propiedad en Colombia se concentra en el sector urbano. Respecto a la propiedad rural el 0,6% de los propietarios son dueños de 20% de los predios. El 82,4% de los predios son minifundios que ocupan el 15,6% del área rural.

En cuanto al uso de la tierra solo 10 millones de hectáreas tienen vocación ambientalmente sostenible para la ganadería pero se están usando cerca de 38 millones. La pobreza rural ha sido superior a la urbana, para el tercer trimestre de 2005, aquella llegaba al 68% de la población rural.

Se puede pensar que una realidad evidente como ésta, movilizará a los colombianos rápidamente en su solución. Sin embargo, hay por lo menos 4 caballeros del Apocalipsis que tratarán de entorpecerlo y que el país debe identificar y cerrar filas en su contra: 1. los grupos armados ilegales, 2. el narcotráfico, 3. los que acumulan ineficientemente la tierra y 4. aquellos políticos que respaldan o representan a los otros tres.